Me flipan las pelis de guerra, casi tanto como los Ferrero (“Salvar al soldado Ryan”)

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Hace un mes estuve en Normandía viendo lugares del desembarco. Es para fliparlo, sobrecogedor. Por eso decidí ver de nuevo la película ésta. El principio en el Cementerio Americano de Omaha Beach me tiene mucho más sentido. Ahora lo entiendo. Las escenas bélicas son para que la cabeza te dé vueltas como a los clientes del Padre Karras. Pero la historia es una bobada. Y me cabrea. Ya estamos con lo de siempre y que tanto toca la moral. Hay que meter siempre al típico insoportable personaje que estás deseando que mate alguien, aunque sea una rana normanda harta de chopped. Ir a una misión peligrosa y ridícula acompañado del cenizo coñazo de turno debe ser peor que equivocarse de pomada para la cara y rebozarse en corticoides.

Matar nazis es una movida. Recomiendo pasarse por el cementerio alemán de Orglandes. Es toda una experiencia. Tom Hanks es insoportable, por eso no se ha pasado por allí todavía y sigue grabando películas actualmente. Se vé que aún nadie le ha explicado lo mal actor que es. Menos mal que nos queda Matt Damon. Lo hace igual o peor, para no desentonar. Menos mal que cuando llegó Bourne ya nos habíamos olvidado de que era el Ryan de marras.

Y es que hubiese molado mucho más que Ryan no existiese y fuese una broma de Monty para ganar tiempo. Humor inglés. Desgraciadamente Spielberg no tiene sentido del humor ninguno. Es más gore que el copón. Por si alguien no lo sabía, él se encargará de demostrar que un cuerpo humano puede desgajarse en distintas partes desiguales y la persona sigue respirando, al menos un rato. De aquí a ET 3D en la Amazonia hay dos pasos, uno el que ha de dar ET, actualmente sin subsidio del paro, dos hipotecas interplanetarias y tres hijos bastardos medio humanos medio perro, y el segundo paso, el de Spielberg ahogando a ET en una ciénaga brasileña para que, al fin, la justicia planetaria se haga realidad y lo devoren las pirañas, tiñendo de sangre el río y contaminando para siempre los ríos de la tierra con el litio que corre por las cañerías de ET.

Hola, soy Robinson Crusoe (“Náufrago”, R. Zemeckis)

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Querido Zemeckis, o como usted se llame, soy Robinson Crusoe. No se haga el despistado que no nací ayer. Hoy, después de hacer un par de apariciones fantasmagóricas a un barco de pescadores coreanos más perdidos que usted en un capítulo de MacGyver, me dispuse a ver su película. Ahora mismo mi estado de indignación me revuelve en la tumba y me entran ganas de pedirle a Nuestro Señor Jesucristo que me resucite para poder ahogarlo con una almohada. A usted y a Tom Hanks. Estoy harto. ¿Se puede ser más torpe?

Escuche señor, podría haber trabajado un poco más el personaje principal sin reducirlo a la estupidez de un hombre que se pasa dos horas haciéndose heridas, estampando cosas contra las piedras, gritando y haciendo absurdeces. Usted no me ha leído con detenimiento. Estaría bien beber agua, estaría bien hacerse una choza. Estaría genital que su protagonista abriese las cajas que va recogiendo por la playa nada más verlas por si hay algo de utilidad que pudiera ayudarle. Incluso sería un lujo que no lo trastornase tan rápidamente hasta el punto de mirar a una pelota como si fuese su novia. Menos mal que…

Oiga, no lo voy a ahogar. Era broma. Realmente me haría feliz que tuviese que compartir isla con un personaje tan cazurro como el que ha puesto usted en ese peñasco. Adiós.