¿Y a esta rata quién la mata? (la política me abruma)

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Soy de la E.G.B. y eso, quiero pensar, imprime carácter. A mí me inculcaron los valores de ciudadanía, como los llaman ahora y que antes era simplemente tener dos dedos de frente -eso o una hostia en la nuca-, en un ambiente en el que a cualquier persona mayor que tú podías tranquilamente tratarla de usted sin ser visto como un maleducado o un bicho raro (a mí me trataron de usted por primera vez antes de los 23 años unos niños que lanzaron una pelota a mi espacio vital -pásenos la pelota ¡por favor!-).

He pasado esta mañana en un Hospital de Día, que hoy en día es algo así como una sala dentro del Hospital donde se realizan labores casi de tipo ambulatorio, como poner tratamientos intravenosos y otro tipo de pruebas sencillas tipo Mantoux para estudiar el contacto de una persona con germen causante de la Tuberculosis. Pues en toda la mañana escasamente escuché “por favor”, “gracias” o “buenos días”. A la sala entraron bastantes personas que ni saludaban a los pacientes que estaban recibiendo la medicación sentados en unos sillones. Parecía que los considerasen parte del vetusto mobiliario: “vengo porque me ha dicho Francisco que me hagas esta prueba”. Francisco es el médico, y a quien interpelan es a una enfermera a la que, me juego un Kinder sorpresa, no había visto antes en su puta vida.
Ésto me ha enfadado. Luego hemos llegado a casa y el cabreo se ha multiplicado por diez. Y cuando me cabreo mucho reacciono de una forma que me deja descuadrado: me callo. Habitualmente suelo, en privado, acudir a la jerga común del “será hijo puta” en adelante. Pero cuando mi enfado sobrepasa cierto umbral me callo y paso página. Es tal cual lo que ha pasado al leer que el gobierno de España, es decir, Mariano Rajoy y sus amigos, van a dedicar el dinero que absorberán a la Sanidad y regalárselo a un banco privado, Bankia, que ha tenido hasta hoy a la cabeza a un señor de su partido, Rodrigo Rato, que ha nombrado como nueva cabeza visible a otro maromo de su entorno. Es para fliparlo.
Uno, hace años ya, algo así como dos, se indignaba mucho cuando hablábamos de los países latinoamericanos como si nosotros fuésemos la panacea de la limpieza, de la transparencia y de la justicia. Los mirábamos, y los miramos todavía, por encima del hombro. Quizá a la mayoría menos a Argentina por el complejo que tenemos respecto a su facilidad verbal, insuperable, pero al resto los considerábamos menos. O al menos muchos señores y señoras de a pié. Pues ahí estamos. Cada uno que se vaya a su casa y que dedique media hora o cuarenta y cinco minutos de su ajetreada vida a pensar si realmente estamos más avanzados, somos mejores en algo o incluso más guapos. Es para replanteárselo todo.

Señoras, señores, es que vamos a quitarles a los jodidos, a los enfermos, a los que están pasándolo mal, unas ayudas (que no ventajas, como quieren hacer creer los políticos) que los acercaban a poder tener una vida normal. Jodidos y apaleados. Quitémosles más dineros, quitémosles ambulancias, quitémosles “tratamientos” que deben pagarse ellos… y démosle el dinero a los bancos. Los mismos que se ríen en nuestra puta cara a la hora de repartir dividendos entre sus directivos millonarios. Robin Hood al revés. España calla. La tercera parte fue a votar al PP; más de la mitad de ellos estarán acojonados pensando en lo que se les viene encima, porque esto no es nada. Menos de otra tercera parte le votó al PSOE, grupo ecléctico donde los haya, y que estará pensando que ZP no era tan malo como muchos creíamos al dar palos de ciego, y que bastante hacía para mantener nuestros derechos con la presión que, ahora nos damos cuenta, debía estar soportando por parte de los verdaderos dirigentes del país, los capitalistas, bancos, como cada cual quiera llamar a los que nos dan cuatro perras para que no rebuznemos más de la cuenta.
La otra tercera parte ni siquiera fue a votar. Ellos tienen derecho a hablar, no han votado y eso también es decir mucho: los políticos no les gustan nada.

El pasado fin de semana Grecia ha emitido voces que, oh dios, recuerdan a tiempos pasados. Neonazis y comunistas con discursos extremistas, discursos disonantes y mucho ruido. España nunca será Grecia: ellos son la cuna de una gran civilización. Nosotros somos el pasto de Cristiano Ronaldo y Messi, y lo más que hemos hecho para la Historia es conquistar medio mundo a golpe de espada, dando la espalda a la gente de ciencia, que no ha sido poca, pero a la que casi no se le ha dado vela en este entierro, y ahora menos. A mi me jode mucho ver todo esto y no vislumbrar un movimiento de gente reclamando sus derechos: a una vivienda, a un trabajo, a poder tener una familia dignamente, a su salud, a su educación… ¡¡¡ no lo entiendo !!! Vivimos esperando que alguien dé el primer paso, y eso que todos sabemos que los sindicatos son mecanismos engrasados en el mismo sitio que el resto de maquinaria del sistema.

Es triste pensarlo, por eso mejor es dedicarle menos tiempo. Hacer como vengo haciendo desde hace un mes y medio, y evitar programas radiofónicos de tertulianos hablando de soplapolleces, como el que comenta que quizá ni Real Madrid ni F.C. Barcelona no merecen no ganar millones de Champions League de fútbol. Cosas lejos de la realidad, de la gente que ves y de sus problemas, porque cuando te los cuentan te estremeces al pensar qué harías tú si te tocase estar en su pellejo. Mierda. Se han olvidado de nosotros y aún no nos hemos dado cuenta de que estamos solos y que nadie nos va a sacar de ésta más que nosotros mismos.

Qué es un político, para qué sirve y para qué no.

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Llevamos dos años en los que los políticos españoles, guiados por sus hermanos los políticos europeos, han decidido que vivíamos demasiado bien, por lo que era hora de jugar un rato a la ruleta rusa con la población para aligerar un poco el lastre que llevaba enganchada la sociedad del “bienestar”. Nada mejor que un banquero para arruinar el futuro a millones de personas: el banquero no necesita razones, solo dividendos, para poder blandir el trabuco y amenazarnos si no le damos la bolsa o la vida.

Haber escogido muerte. Haberte quedado en el vientre de tu madre. “No fueras nacido”, que dirían por el Sur. Porque si nos vamos más al Sur, mejor ya ni pensar en lo que te vas a encontrar cuando el primer rayo de sol te dé en la cara. Y así estamos, jodidos y apaleados. Con las excusas del mal pagador los políticos, porque son todos iguales, con distintas caras y siglas, pero con las mismas intenciones, se han empeñado en hacernos la vida un poco más difícil. Su intención parece la de querernos hacer comprender que lo bello de la vida es vivir, sea trabajando todo el día para una grandísima hija de puta llamada “Economía de mercado”, o frente al televisor durante meses porque nadie te contrata porque tu edad es excesiva para cualquier puesto.

Entre medias está lo del dinero. Que no hay dinero, dicen. Anda. ¿Y el dinero lo mandó Dios, o qué? Que yo sepa el dinero lo hacemos nosotros, el perverso modo de vida en el que hemos nacido. Sin dinero no se podría vivir, ¿verdad? Esas cosas de papel, sin más valor que el llevar pintado un número y algún monumento de algún país que me la sopla completamente, son el centro de todo. Y es puto papel, bastante peor que el que uso para limpiarme el culo. Nos pasamos la vida y enfermamos persiguiéndolo. ¿Y gracias a quién? A los políticos, a sus sociedades de mierda. ¿Y la Democracia? ¿Qué es? ¿Elegir a un tío para que él y sus secuaces dirijan un país durante cuatro años para que luego no hagan nada de lo que han prometido a sus votantes? ¿Eso es Democracia? Caray.

Y ahora, como el papel… ¿el papel? Sí, el papel, no llega, hay que hacer recortes en Sanidad y en Educación. Diez mil millones de euros, que en kilos de papel es algo así como el papel suficiente como para escribir las memorias de Fraga Iribarne un par de veces y a doble espacio. Lo básico, lo importante, lo que garantiza que las personas puedan vivir más y mejor, es justo lo primero en lo que hay que sacar el machete. Esa es su filosofía. Es decir, señora, señor, usted está enfermo, y además de estar enfermo nosotros vamos a darle por culo por estar enfermo. ¿Quién le ha mandado a usted estar enfermo? Pago por recetas (oiga, estoy enfermo), pago por asistencia urgente, pago por tonto y haber pagado antes… son ideas grandiosas, dignas de algún economista recién salido de las oficinas de algún banco y deseando dar su gran golpe.

Me cuesta soportarlo, incluso cuando lo escribo. Se me hincha la vena y comienzo a hiperventilar. No es justo, no es razonable y es una barbaridad. Pero la España que ha votado al Partido Popular para echar a Zapatero está contenta, porque han “ganado”. Al menos la vaselina no está muy cara, me alegro por ellos.

O Rajoy o el Paracetamol

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Llevo todo el día con fiebre. Es probable que se trate de gripe porque ni siento el cuerpo de la paliza que me han dado los virus. Ayer empecé a notar que la maquinaria no funcionaba como siempre. Después de trabajar 24 horas el pasado sábado, haber comido en 15 minutos y no haber cenado, haber descansado de madrugada 2 horas, y haber inhalado los gérmenes de casi 80 criaturas enanas, tener ahora fiebre es tan lógico como que Rajoy suba los impuestos al llegar al gobierno. Hoy creí leer que subieron el IRPF, igual fue la fiebre. Es probable que incluso me afecte la fiebre desde el mes de noviembre porque no puede ser posible que un país con cuatro perras como España sea así. Así, así. ¿Cómo? Así. Tan solidario. Tan consecuente y razonable que el obrero y el patrón le votan al mismo. Tiremos del carro hacia el mismo sitio. Hacia el precipicio.

El Paracetamol baja la fiebre por cuatro perras, menos mal. O menos bien, como el borracho sobrio que se da cuenta de lo penosa que es su existencia sin la nebulosa del alcohol. Sin fiebre veo a antidisturbios dar hostias como panes a menores de edad. No puede ser España. En la nación la Constitución protege al menor, al ciudadano y al pato de Villarriba que ya no puede ser arrojado desde el campanario en la fiesta mayor de agosto. En el país o paísa de la arroba y el algarrobo es imposible que alguien le pegue a un chaval. Ni un padre puede levantarle la mano. Ya puede ser que el hijo sea un psicópata quemacolchones que la hostia te sale más cara el kilo que los percebes.

Zas, zas. Niño con gafas, toma hostia, por friolero. Yo soy político, con o sin fiebre, y estoy hasta los genitales de que los niños de la escuela pública se quejen de que no les ponen la calefacción. Como si no pudiesen traer abrigos de casa. Como si pagasen algo por soportarlos todos los días. Por enseñarles a leer. Por prepararlos para la Universidad. Inconscientes. ¿Y el cambio climático? Zas, toma hostia y al calabozo, por listo. Para ser menor de edad ya tienes la espalda dura como para recibir mamporros.

La España del PP es igual que la de Zapatero. Mano dura y recortes. Eso dicen ahora los que defienden los leñazos. La culpa la tienen los socialistas, los rojos, los comunistas. Dicen. Esos vagos y maleantes. Ni con fiebre ni sin ella le he votado a Zapatero, ni al otro. Me dan igual los dos, por eso me parecen sus argumentos más estúpidos, infantiles. Tú te gastaste los ahorros en chuches. Y tú más. Me chivo a la Merkel. Hostia puta.

Me sube de nuevo la fiebre. El Paracetamol no es suficiente. Deliro y noto que escucho a Toni Garrido decir cosas en RNE que le costarán el puesto tarde o temprano. Hoy en día las tardes de RNE son irrepetibles de 3 a 7 de la tarde. Gente febril, enferma y sin miedo. Hablaban de ZP y hablan de Rajoy. Hablan de la policía y de Megaupload. Hablan de políticos y de gente normal. Lo que dure, duró, pero serán recordados por muchos de nosotros cuando llegue el invierno, como la última convulsión inconsciente de algunos periodistas que se sienten libres en el medio público. Los escuchas y te reconcilias con todo. Sientes que lo que piensas no es el delirio de un paranoico, hay más que creen que los políticos tratan de desquiciarnos. La mayoría lo creemos. El resto están desquiciados. Mierda para ellos.

Me tomaré un Ibuprofeno. Quitaré a Rajoy de en medio hasta que me cure. Escuchar ahora sus mentiras refuerza las ideas que tenía hace meses, o años. Me alegro de que hagan lo que hacen, lo que esperábamos que hiciesen. Y más que harán. Se están comportando conforme a sus ideas. Es independiente de si hay más o menos dinero. Es su oportunidad y la están aprovechando.