Hola, soy Robinson Crusoe (“Náufrago”, R. Zemeckis)

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Querido Zemeckis, o como usted se llame, soy Robinson Crusoe. No se haga el despistado que no nací ayer. Hoy, después de hacer un par de apariciones fantasmagóricas a un barco de pescadores coreanos más perdidos que usted en un capítulo de MacGyver, me dispuse a ver su película. Ahora mismo mi estado de indignación me revuelve en la tumba y me entran ganas de pedirle a Nuestro Señor Jesucristo que me resucite para poder ahogarlo con una almohada. A usted y a Tom Hanks. Estoy harto. ¿Se puede ser más torpe?

Escuche señor, podría haber trabajado un poco más el personaje principal sin reducirlo a la estupidez de un hombre que se pasa dos horas haciéndose heridas, estampando cosas contra las piedras, gritando y haciendo absurdeces. Usted no me ha leído con detenimiento. Estaría bien beber agua, estaría bien hacerse una choza. Estaría genital que su protagonista abriese las cajas que va recogiendo por la playa nada más verlas por si hay algo de utilidad que pudiera ayudarle. Incluso sería un lujo que no lo trastornase tan rápidamente hasta el punto de mirar a una pelota como si fuese su novia. Menos mal que…

Oiga, no lo voy a ahogar. Era broma. Realmente me haría feliz que tuviese que compartir isla con un personaje tan cazurro como el que ha puesto usted en ese peñasco. Adiós.

Buried (Enterrado). Las cosas que debes hacer si te entierran vivo los iraquíes.

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Pongámonos en situación: eres un transportista americano, o cualquier otra cosa de cualquier otro país occidental, y se te ha ocurrido ir a Irak a forrarte, o a otra cosa. El caso es que estás en Irak y como los iraquíes son malos e insurgentes, signifique esto lo que signifique (hasta hace unos años pensábamos que Irak era el país de los iraquíes), te secuestran. Y como además, son un poco hijos de putilla, te entierran vivo. Pero no todo es malo. Los ataudes en Irak son más grandes que algunas habitaciones de estudiante en las que hemos “vivido”. Es más, no te entierran para matarte, lo hacen como negocio. Imagínate: un ataúd de unos 2’40 metros de largo, más de un metro de ancho y de alto indefinido (si grabasen una película sobre tu secuestro, la altura dependerá del plano, pero aseguramos que es suficiente para vivir holgadamente). Los iraquíes te cederán amablemente algunos utensilios para llevar a cabo su objetivo: un móvil de última generación (más abajo especificaremos sus características), dos tubos fluorescentes, una linterna que funciona cuando le das golpes, con filtro rojo incluido, un mechero zippo inagotable, una petaca con vino Don Simón, tus pastillas para la ansiedad (puede que también un par de paracetamoles), una navaja multiusos y un lápiz. Eso sí, los muy chorizos te habrán quitado el único número de teléfono útil que llevabas en el bolsillo y que, debido a tu carácter distraído y despreocupado, no acertaste a memorizar.


Éste podrías ser tú.

Ya estamos puestos en situación. Te despiertas, todo está oscuro (como habitualmente hasta que enciendes la luz). Pero no hay luz. Te das una hostia con la cabeza contra algo duro; parece madera.

Consejo 1: no hiperventiles, estate tranquilo. Recuerda, estás en Irak, es probable que te hayan secuestrado y enterrado vivo en un ataúd, así que sería conveniente si quieres seguir vivo más de cinco minutos, que ahorres algo de aire. No por respirar muy rápido vas a salir antes.
Consejo 2: si a la tercera vez que le metas un mamporro padre a la madera y no se rompe, no sigas, porque lo próximo en romperse será tu hueso.
Consejo 3: busca un clavo en la madera, porque seguramente los iraquíes, famosos en el mundo por hacer unos ataúdes de mierda, se hayan dejado algún clavo salido que te servirá para desatarte y quitarte la mordaza. Ya puedes gritar.
Consejo 4: deja de gritar. ¿No ves que nadie te oye? Asúmelo, te han enterrado.

En esto te das cuenta de que tienes al alcance de tu mano un zippo. Enciéndelo, teniendo en cuenta 2 consejos:
Consejo 5: los mecheros se gastan. Excepto si es iraquí. Es de todos conocido que los mecheros fabricados en Mesopotamia tiene tarifa plana de gas, por lo que puedes dejarlo encendido torrato.
Consejo 6: apágalo. Consume oxígeno. Si no me crees, lee un libro. El fuego, para existir, necesita aire, como tú. De momento no se ha inventado la tarifa plana de aire dentro de un ataúd.

Con esto has conseguido ahorrar diez minutos de aire. Ahora puedes rebuscar en tu ataúd, algo que comunmente denominamos “revolverse en la tumba”, porque seguramente encuentres un teléfono móvil.
Consejo 7: si llevas 16 meses en Irak, lo mínimo que deberías saber es algo de árabe. Compréndelo, allí los menús de los móviles no están en inglés ni en español. Al menos las palabras: menú, configuración, opciones de lenguaje.
Consejo 8: si estás enterrado en un ataúd y suena el móvil, ¡cógelo! aunque las letras salgan en árabe. Igual es interesante, piénsalo.

En caso de que no lo hayas cogido y no sepas ponerlo en tu idioma (todavía, porque es de esperar que no seas tan inepto como para hacerlo en cinco minutos), ¿a quién llamar?
Consejo 9: no llames a tu puta casa si sabes que hay contestador automático. Llama a algún amigo pobre, en paro y con internet. Búscate un buen amigo con estas características, a ser posible que no se enfade ni se tome a mal que te hayan secuestrado. No llames a la amiga más petarda de tu mujer.
Consejo 10: apréndete el teléfono de emergencias de Irak. No llames a las emergencias de tu pueblo, porque es probable que no puedan hacer nada para ayudarte. También es probable que si los llamas para decirles que estás en Irak enterrado vivo, se crean que eres un pirado.
Consejo 11: si una vez que das con alguien, lo primero que te dice es “no llames a los medios de comunicación”, lo primero que tienes que hacer es LLAMAR A LOS MEDIOS.

Resumen, aunque sé que me repito: apaga el zippo. La luz del móvil es suficiente. Respira despacio. Llama a los medios.
Consejo 12: cuando te den el teléfono de la única persona que puede rescatarte en Irak, ve al grano, no hace falta que os pongáis a comentar lo buenos o malos que son los iraquíes. Perderás un tiempo muy valioso. Asegúrate de que ese diplomático, que supuestamente va a interceder para liberarte, cobra solo por persona liberada. Si no te fías, es razonable que te de el nombre de algún liberado por ellos. Consejo 12.1: tú no pagas la factura de un móvil que no es tuyo. Aprovecha que los móviles iraquíes son de última generación (cobertura bajo tierra 3G, batería interminable, cámara de video HD…) para conectarte a internet. Ser desconfiado te ayudará a sobrevivir, por lo que es conveniente que busques en google si ese señor es un inepto. Busca su perfil de Facebook y cágate en su puta madre en su muro.
Consejo 13: no te duermas, no es momento, estás a punto de estirar la pata. Si te duermes, podría ser que entrase por una rendija una serpiente o un oso.
Consejo 14: si te entra una serpiente en el ataúd, lo último que debes hacer es prenderle fuego. Consejo 14.1: por muy mala estima que tengas al Don Simón, es el único vino que puedes beber, no lo malgastes por una serpientilla de nada, que hay millones. Consejo 14.2: si se te va la pinza y derramas el alcohol sobre la serpiente para quemarla, recuerda que el ataúd es de madera, y la madera arde. Consejo 14.3: el fuego produce humo, CO2 y quema O2. Si no quieres morir ahogado como la serpiente, sería mejor que pensases que casi mejor es morir por la picadura del bicho.
Consejo 15: si resulta que una serpiente te entra en el ataúd, escuchas a morillos cantar en la distancia, TIENES COBERTURA EN EL MÓVIL y se te abre una brecha por la que empieza a entrar arena, no te duermas, podría ser que si lo intentas un poco igual puedes salir.
Consejo 16: deja de hacer llamadas estúpidas a tu casa. Si tu mujer coge el teléfono lo que vas a conseguir es que la ingresen en psiquiatría con una crisis de ansiedad.
Consejo 17: si a tu madre con Alzheimer la has metido en una residencia a miles de kilómetros de tu casa, no la llamas nunca y lo mucho que haces es mandarle unas flores que ni siquiera sabes si le llegan, no la llames ahora. Es muy probable que no se acuerde de ti, o si lo hace, desee tu muerte bajo la arena.
Consejo 18: Regatea. Es muy habitual que los iraquíes pidan que consigas 5 millones de dólares para liberarte y sin insistir bajen a 1. Si regateas podría ser que te dejasen salir gratis. Y si te dicen que si tienes que cortarte un dedo, no lo hagas todavía, ¡regatea!, con un poco de suerte se conforman con que te cortes una uña.

Durante tu estancia en la caja podría ser que la empresa que te paga por tu trabajo en Irak busque alguna triquiñuela para no tener que pagar ninguna indemnización si la espichas.
Consejo 19: si ni el FBI puede localizarte ni identificar el número desde el que llamas, si recibes una llamada de tu jefe desconfía. Puede ser que lo del secuestro se trate de un expediente de regulación de empleo no al uso.
Consejo 20: si durante la llamada de tu jefe, éste te informa de que va a grabarla para certificar que estás informado del despido “procedente”, cágate en sus muertos y cuelga. Sería una estupidez no solo que lo dejes grabar, sino que aceptes que tu familia se quede sin el dinero del seguro como consecuencia del secuestro.
Consejo 21: LLAMA OTRA VEZ A LOS MEDIOS. Si tu gobierno te explica que no negocia con terroristas, consigue el número de la CNN, de la T.I.A. o de El Jueves. No vas a arreglar nada tomándote uno de esos ansiolíticos que llevas en el bolsillo y quedándote dormido.
Consejo 22: si el ejército de los Estados Unidos te dice que ya te ha encontrado, que están encima de tu ataúd, que ya están excavando, es lógico que con tus propios oídos escuches algo. Si no es así, no mientas a tu mujer.
Consejo 23: el suelo de Irak está lleno de ataudes, escoge uno suficientemente llamativo. Si no, ármate de paciencia, es probable que encuentren a otro antes.
Consejo 24: si tienes claro que la muerte es inminente, está permitido comerse todas las pastillas que llevas en el bolsillo, ya sean de ibuprofeno o de diazepam. Es mejor morir comiendo pastillas que comiendo arena iraquí.
Último consejo: si sobrevives (algo fácil siguiendo estos consejos) y te ofrecen hacer una película basada en tu historia, recházalo. A poco que seas apañao, tú mismo puedes invertir entre 20 y 50 euros en hacerla y vivir del cuento el resto de tu vida.