Las Joyas de la Corona… son totalmente idiotas.

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Ayer fue un día muy triste para mí: terminé de forma dramática mi curso 2009-2010, llovió todo el día, perdió el Atlético de Madrid, y terminó el programa “Las Joyas de la Corona”. Si fuese una persona débil, igual me habría tirado por el balcón, o me habría suicidado con unas cuerdas de guitarra. Afortunadamente, no lo soy, así que respiré hondo, me tumbé en la cama de mi madre y me puse a disfrutar de la última gala del magnífico programa.

Quien diga que “con la televisión se te pone el cerebro blando”, o que no se puede aprender nada viéndola, es porque no ha visto “Barrio Sésamo”, “That´s English” o la sección de las galas del programa de Carmen Lomana en que hacen a las futuras “joyas” preguntas de “cultura” general.

Por si por casualidad pasa por aquí alguien tan imprudente como para no saber de qué estoy hablando, le pongo en situación: Se trata de un programa dirigido por la dama más tersa de la historia de la jet española (la Tita Carmen) y presentado por Jordi González, en el que se escogen a 12 concursantes cuyos nombres podrían ser todos Jennifer o Jonathan y se les enseña mediante 4 profesores a “comportarse” según el protocolo. O como dice en la propia web de telecinco “12 chicos y chicas de la calle aprenderán modales exquisitos para moverse en sociedad”. Es decir, que podría también verse como el remake del siglo XXI de la película “Doce del Patíbulo” (en realidad sería más fiel al título de la película en su versión original “The Dirty Dozen”.) El ganador, obtendría un premio de 20.000 €.

Para los profesores de este programa, tener modales exquisitos para moverse en sociedad, se traduce en intentar vestirse lo más hortera y pomposo posible (eso sí, nada de piercings), haber conducido un ferrari en un circuito, ir a tomar un piscolabis al Santiago Bernabeu y acudir a galas benéficas, donde básicamente lo más importante es que sepas pelar gambas con cuchillo y tenedor. Además, les enseñan una regla básica de la vida: si no te gusta el marisco y no sabes bailar un Fox-trot, no puedes ser de la jet.

Bueno, tampoco hay que ser malpensados… estos cuatro artistas del toreo escogidos para enseñar modales a la dirty dozen también piensan que es importante tener cultura. Por eso hacen especial hincapié en cosas tan importantes y básicas como saber cómo se llama el tercer hijo bastardo del barbero que afeitaba al chofer del rey de Bélgica. Pero no sufráis… ninguno de los doce lo ha llegado a saber. Es más, probablemente ni siquiera sepan qué significa la palabra “Bélgica”… algunos ni siquiera saben lo que significa la palabra “patata”.  Entonces, los profesores, que son muy sabios, decidieron que quizá deberían pedirles menos, por lo que se centraron en personajes populares de dentro de nuestras fronteras, cosa que tampoco resultó demasiado bien.

Y es que, estos chicos sí saben lo que realmente hay que saber. Por poner dos ejemplos representativos: ante la pregunta “¿qué sabes de Rusia?” (como a las misses, supongo que en honor a una de las profesoras, que fue miss universo en 1983), una concursante llamada Lucía, estudiante de derecho, que no sabe dónde tiene la cabeza (pero eso es porque es rubia), contestó “en Rusia es importante la ensaladilla rusa”. O aquel día en que se les hizo a todos juntos la pregunta “¿Sabríais decirme alguno algo de Holanda?”, un concursante maño llamado Jorge (al que parece que le ha cortado el pelo su madre a bocados) contestó “sí, allí las drogas son gratis… y las prostitutas también” (??!!), a lo que saltó la inteligente del grupo, Virginia, “no, no son gratis, son legales”. Lucía aseguraba que ni siquiera conocía que existiese ninguna relación entre las drogas, las prostitutas y Holanda. Y es que, en realidad, aproximadamente en el ecuador del programa, los profesores se dieron cuenta de que los concursantes no estaban “demasiado puestos” en geografía, así que intentaron remediarlo, poniendo durante las clases un mapamundi gigante delante de sus avispados ojos, por si conseguían aclararles algo. En ello estaban un día en el que le preguntaron a Lara, mi preferida, si era capaz de decir el nombre de 3 estados de EEUU. La respuesta de ella fue “mm… Manhattan, Polonia y Grecia”. Pero fue cuando una concursante invitada, Tatiana de Gran Hermano, comento muy segura de sí misma que “en España no hay ríos”, cuando se dieron cuenta de que quizá deberían volver a reducir un poco las fronteras. Descubrimos entonces que los concursantes no sabían dónde estaba Marbella, y tampoco cuál era el océano donde se situaban las Islas Canarias. Una concursante, Azahara, decidió que la Sagrada Familia estaba en Santiago de Compostela (le hice la misma pregunta a mi abuela, y la supo… es una auténtica joya). Además, descubrimos que alguno de los concursantes pensaba que el río Guadalquivir pasaba por Rusia.

No he comentado para qué utilizaban los profesores y los concursantes todo este poderío cultural. Resulta que, al final de la gala, una vez que se decidía quiénes iban a ser los nominados de la noche, se les colocaba a éstos en lo alto de un balconcillo con una trampilla que se abría bajo los pies del que perdiese. Esa era la manera de ir eliminando joyas gala tras gala. Pues bien, el presentador iba realizando preguntas a los concursantes, y el que menos acertase, caía por el agujero, y era eliminado. Yo, la verdad, no sé qué clase de barbaridades habrán dicho los concursantes, puesto que casi siempre me quedaba dormida antes de llegar a ese momento. Pero ayer era la gala final, y yo tenía que estar despierta. Quedaban ya sólo dos finalistas: Pepe y Azahara, y se disponían a hacerles las preguntas finales que darían con el ganador. Aquí tenéis el súper momento:

Y la chica fue más lista y se llevó 20.000 eurazos…