Papá, ¿por qué soy antimadridista y antibarcelonista?

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Real Madrid. FC Barcelona. La misma mierda son pero con distintos colores, distintos escudos, distintas ciudades y distintas personas. O no tanto. Las formas parecen distintas, unos van de víctimas del sistema enloquecidas por su propia agresividad y los otros de “suavones” condescendientes que se creen por encima del bien y del mal. Al final por debajo lo único que uno se encuentra al hacer la prueba del algodón es muy poca humildad, muy mal perder y muy mala hostia.

Los que somos de equipos que no tienen la “obligación” de ganar todas las jornadas de la Liga de fútbol española estamos acostumbrados a que cuando jugamos contra estos dos, terminemos cabreados. Ya puedes estar predispuesto, esperándonos lo peor, que al final siempre terminas con la cabeza entre las manos cagándote en su puta madre. Lo peor ya no es solo que los árbitros estén tan condicionados que en las grandes polémicas continuamente favorezcan a los dos equipos, sino que las pequeñas decisiones van minando las posibilidades de nuestros equipos. En un mundo normal, en una competición sin aditivos ni conservantes, FC Barcelona y Real Madrid ganarían títulos, pero sin tanta diferencia respecto a los demás. Pero es evidente que con el dinero que gastan cada año para fichar a cualquier jugador que sobresalga algo sobre la media, han de rentabilizar su inversión.

Lo que más nos irrita es su mal ganar y su nefasto perder. Ellos nunca hacen faltas, las protestan todas, incluso las evidentes. A ellos siempre les hacen falta cuando se caen, y siempre son tarjeta para el rival. Viven crispados. En sus caras se refleja la ansiedad y ese aire de superioridad que tanto asco da. Hace tiempo había jugadores que parecían tener dos dedos de frente, como Iker Casillas por los madridistas o Xavi por los barcelonistas. Últimamente parecen todos desquiciados, al borde de necesitar un ansiolítico si no ganan todos los partidos.

En este contexto de ansiedad generalizada, los árbitros viven en el filo del abismo, sobre todo gracias a los medios de comunicación madrileños y catalanes, que amplifican exageradamente los mensajes de entrenadores y jugadores con la única finalidad de vender más periódicos. Marca, As y Sport se encargan de rentabilizar cualquier polémica, ya sea en beneficio o en perjuicio de “su” equipo. Los demás aficionados observamos estupefactos este demencial negocio pasmados. Nunca habían gastado tanto dinero en el fútbol y nunca le habían sacado tanto rendimiento. Nunca nos habían “quitado” tanto los árbitros. La impotencia del aficionado se encuentra con un muro infranqueable en su propia casa. Ni los jugadores ni los entrenadores se atreven a hablar de todo esto, ya que la sanción está a la vuelta de la esquina, como le pasó a Caparrós (Mallorca) hace unas semanas cuando se atrevió a poner en entredicho el comportamiento del árbitro en el partido que los enfrentó contra el Real Madrid. Para eso, mejor estar callados, pensarán.

Los aficionados nos aburrimos, nos da mucho por culo que si ya teníamos pocas opciones de que nuestros equipos ganasen algo importante, ahora no hay ninguna salvo accidente. Y si hay uno de estos accidentes, el árbitro del partido será responsabilizado del mismo, lo sea o no, y a nuestro equipo le quitarán cualquier mérito. Y esto pasa desde hace mucho tiempo, solo hay que recordar las ligas ganadas por Valencia y Deportivo, que los medios titulan como “perdidas” por “sus” dos equipos.

Por eso soy antimadridista y antibarcelonista. Eso sí, tiene mérito ser de los que tienen que ganar siempre, de los ricos, de los abusones, de los prepotentes, de los soberbios, de los hipócritas, de los chanchulleros, de los mentirosos… Menudas tragaderas.

El opio del pueblo

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Nunca he sido una persona entusiasta, lo admito. Tampoco soy constante.  Cuando mi querido Globo me regaló esta página web, estaba encantada con la idea, pero en el fondo sabía que necesitaría mucho tiempo, mucho aburrimiento de los juegos del facebook, o que no me quedase ni una telenovela por ver para ponerme a actualizar esto. Hablo mucho pero no suelo tener muchas cosas que decir. Pero hoy, tras muchíiiiisima insistencia, me he decidido a hacer una especie de escritura automática.

Como decía antes, no soy entusiasta, pero sí hay algunas cosas que hacen que me hierva la sagre: cuando no me funciona bien el Call of Duty, cuando mi abuela repite sin parar que se quiere morir, o la condescendencia con la que la gente me mira cuando digo que soy del Atlético de Madrid, son ejemplo de esas cosas.

Las guerras, la política, Mariano Rajoy, que la Pantoja presente las uvas de nochevieja en telecinco, que no gane quien yo quiero en los reality, no encontrar algo en el bolso, quedarme sin gasolina, que me suspendan ridículamente, que se me rompan las medias, que me manden mails en cadena, “la que se avecina”, soñar con Juan Echanove, que la gente proteste por su trabajo, darme golpes con las esquinas de las cosas, las películas estas coñazo de cine belga experimental, etc… son cosas que me irritan un poco. Pero no se puede comparar con cómo me siento con el típico “eres del Atleti? jaja, el pupas” Estoooo… tu pupa madre.

El fútbol es una de esas cosas que, aunque no me entusiasman, tampoco me cansa. Llevo desde hace siglos viéndolo y siguiéndolo. Soy tan fans, que hasta me tiré buena parte de los domingos de mi infancia yendo a ver cómo mi hermano y un grupo de jovencitos con granos se jugaban sus delgaduchos tipos por ganarles al Maracena, o al Durcal. Creo que entiendo bastante de fútbol y hasta era la mejor cuando jugábamos en el cole. Al menos era de las pocas que sabía cuál era la portería donde tenía que intentar marcar. Y además, soy del Atleti desde siempre. No sólo por genética, sino por simpatía. Cuando era súper pequeña, eran el escudo y la equipación que más me gustaban. Luego, me gustaba el rollo atlético este de tercero que a veces mojaba la oreja al segundo o al primero. Y además, era el equipo de mi futbolista favorito del mundo: Futre. El atleti siempre ha perdido muchos partidos, sí señor. Pero también ha ganado muchísimos. Y me gustaba que cuando el atleti perdía, nos reíamos, y cuando ganaba, nos alegrábamos muchísimo y salíamos ridículamente mi hermano, mi padre y yo a darnos una mini vuelta por la plaza del pueblo, con nuestras bufandas y camisetas. Si hubiéramos sido del Madrid, o del Barça, hubiéramos sido uno de tantos… bah, se pierde el encanto.

Sin embargo, cuando alguien te pregunta de qué equipo de fútbol eres (porque tienes que ser de alguno, claro, es como el horóscopo) y contestas que eres del atleti, automáticamente piensan que no tienes ni puta idea de fútbol. Es como “qué graciosa, es del atleti”. Al parecer, la gente (especialmente las mujeres) a las que no les gusta mucho el fútbol tienen que ser del atleti, o del betis. Son como el “Expósito” del fútbol.
Normalmente, la conversación suele terminar ahí, pero a veces, si la persona me cae un poco mal, o tengo ganas de gresca, puedo contestar algo usando la fantástica jerga del fútbol (cosa que también puede entrar entre las que me irritan) para impresionarle, como por ejemplo “el cancerbero rojillo atrapó el esférico evitando un gol psicológico”. Y entonces es cuando entramos en una especie de disertación sobre lo valientes que somos los atléticos y lo sufridores. Ahí es cuando empieza a surgir mi curiosa espiral de odio y destrucción hacia mi interlocutor. Pero mi ira se termina de desatar cuando empiezan a decirme cosas como “yo soy del madrid, pero a mí el atleti me cae simpático”… Será embustero, el cabronazo… Le cae simpático siempre que pierda. En ese momento, como yo soy un poco de estas personas que no son capaces de autocontrolarse, suelo lanzarles alguna indirecta del tipo “sí, eso es justo lo que dirán los árbitros que últimamente pitan los derby”. Esta parte de las conversaciones son divertidas porque no sé qué tienen los madridistas, que cuando les mencionas la palabra “árbitro”, automáticamente se les viene a la cabeza el Barça. Y ahí me tienes a mí, atlética de toda la vida, haciendo alarde de lo bien que juega el segundo equipo que más asco me da de la liga española, con tal de joderle la vida a mi interlocutor madridista. Y él termina diciéndome “puto pateti de madrid” (¿ves como era mentira que le cayese simpático?).
Cuando mi interlocutor (que se ha dado el caso) no es del madrid ni del barça, pero es de otro equipo que no me cae muy bien (véase el sevilla o el valencia), la conversación suele ser más interesante, porque como está más igualado, podemos terminar discutiendo sobre si el cantante que canta el himno de uno u otro equipo es más o menos odioso.
Lo que todavía no sé, es cómo llevaré una conversación de este tipo con un culé, ya que soy totalmente incapaz de decir cosas buenas sobre su rival directo. Mejor me hago la “expósito” y le lanzo un gol psicológico contándole el chiste del mono muerto.

“Quillo, noz vamo a quedá zin ir a la finá”

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Andábamos el otro día despistadillos y cometimos la imprudencia brutal de ponernos a ver las semifinales de la Copa del Rey de fútbol. Tanto hablar de que ya no nos tragaríamos más partidos del Real Madrid (por Mourinho y Cristina) ni del Barcelona (porque Messi es demasiado bueno), y al final caímos a la semana siguiente. La cara que se nos quedó cuando nos dimos cuenta de que no concedía el árbitro el GOL de Luis Fabiano fue similar al careto de Massa Sr. cuando Hamilton les birló el campeonato del mundo a él y su insufrible familia.

A mi el Sevilla C.F. me gusta poco, o nada mejor dicho. Un equipo que tenga en el centro del campo a dos maromos como Zokora y Romaric merece la inscripción en la liga de fútbol australiano. Pero no vamos a hablar de fútbol, que es lo de menos. A mi me gusta hablar de los valores del deporte, algo que siempre ha representado fielmente el Real Madrid, quiero decir, la prensa madrileña. Eso de que la gente debe saber ganar y perder. Si ganas, has de ser humilde y no menospreciar al rival. Y si pierdes, con más razón. Es la filosofía de José Mourinho, de toda la vida. El Marca lo sabe y lo fomenta. Por eso, al finalizar un partido que el Real Madrid había ganado en gran parte gracias a un ERROR arbitral, tuvo la deferencia de no reirse del Sevilla porque no había mucho de lo que presumir. Ni soñarlo, claro. A los cinco minutos de terminar el partido aparecía en la portada de la web el artículo de un señor llamado Roberto Palomar en el que no solo se mofaba del Sevilla y de su, verdad es, ridículo video de “motivación” en portugués, sino que parecía hacerlo del andaluz medio.

Los medios de Madrid, y en éstos incluyo al INSUFRIBLE (si no eres del Madrid o del Barcelona) Tablero Deportivo (con Chema Abad a la cabeza del despropósito) de Radio Nacional, llevan años empeñados en que el fútbol sea un continuo Madrid vs. Barcelona. Este año lo han conseguido. Madrid y Barcelona no solo han conseguido a los mejores jugadores para sus plantillas (“robando” a veces a las futuras estrellas de los equipos pequeños para hacerlos calentar el asiento de la grada), también el favor de los árbitros. Jugadores como San Iniesta, San Casillas, San Sergio Ramos o… increíblemente San Arbeloa (por no comentar Santa Cristina o San Messi) son intocables. Los árbitros los protegen y, a algunos, les permiten incluso licencia para lesionar.

Hace unas semanas el ínclito director de Tablero Deportivo de RNE, el citado Chema Abad, afirmaba obcecado que él estaba encantado de que la liga siempre fuese un Madrid vs. Barcelona, que los demás equipos lo “distraían” y que prefería que luchasen por entrar en la Europa League. Repitió lo de “me distraen” hasta dos veces más, reafirmándose a pesar de que el único de sus compañeros de programa con dos dedos de frente intentaba que rectificase un poco ante tal opinión. Así es, esto es lo que piensan los periodistas de Madrid y algún otro de Barcelona. El resto de los equipos “pequeños” (que a este paso son todos los demás) no pintamos nada, bueno sí, somos el sparring al que hay que humillar con una goleada entre cinco y ocho tantos. Y si empatas un partido contra ellos le echarán las culpas árbitro, porque tiene razón Roberto Palomar: “los árbitros pitan lo que ven, y lo que no ven, no lo pitan”. Ser árbitro no te exime de ir al oculista de cuando en vez a graduarte las lentillas.