“La piel que habito”, “Vicente o Vicenta”… o cuando trato de suicidarme ridículamente

9

Almodóvar es un genio que lleva tiempo demostrándolo aunque a mi no me haya apetecido hasta ahora comprobarlo. He de admitir que todo este texto es un SPOILER porque me apetece poner en orden los recuerdos sobre “La piel que habito”. Partamos de lo principal: es un thriller psicológico que acepta con placer obsceno otras etiquetas como “cine transexual”, “cine animal” (por el tigre), “burlesco”, “grotesco” o “comedia erótica”. Cada cual escoge la que prefiere para autoengañarse y pasar por caja. Yo me quedo con la de “cine animal” porque si hay un personaje que destaque por encima de todos es el del Tigre.

La historia de Almodóvar viene a contar lo siguiente: resulta que Banderas es un cirujano plástico brutalmente bueno y millonario que tiene incluso el quirófano en su mansión, cuya madre es su criada (pero no lo sabe; dramón) que tiene una mujer que viene a ser Elena Anaya (otro dramón para Antonio, al parecer es lesbiana), que se acuesta con el hijo de su criada (es decir, su hermanastro), y el que posteriormente hará su aparición estelar como Tigre. Elena Anaya y el hermanastro se escapan de Antonio para vivir una historia de amor interracial, pero tienen un accidente con el coche y ella se muere. ¡Ah no! Ella no se muere, siempre me equivoco. A ella la rescata Banderas y la mete en su choza, que viene a ser un pazo gallego “full equip”. La pobre, más espantosa por las quemaduras que el hermano feo de Niki Lauda, malvive en una habitación encerrada, mientras su marido, que es más listo que los ratones colorados, inventa en su laboratorio una piel para poder curarla. Lo peor es que la mujer un día ve su reflejo grotesco en el cristal de la ventana y decide medir, usándose a sí misma como plomada, la altura de su cuarto hasta el suelo. Lo más chungo es que su hija pequeña presencia el suicidio de la madre, o de ET. El terrible suceso la marca y la obliga a iniciar un tratamiento psiquiátrico. Cuando la sacan del frenopático su padre la lleva a una fiesta de la “jet”, con tan mala suerte que un tal Vicente, modisto de profesión, feo como el pie de un perroflauta y hasta arriba de pastillas, intenta hacerle un hijo debajo de un árbol y contra su deseo de procrear. Al resistirse Vicente se cabrea y le arrea un hostión en toda la cara dejándola casi en el sitio. Vicente escapa con su moto corriendillo hacia su casa en Compostela acojonadito porque cree que se la ha cargado, mientras Banderas encuentra a su hija tumbada a la bartola víctima de un desconocido y meando fuera del tiesto.

Cagado de miedo, Vicente le dice a su compañera de trabajo (que para no ser una aburrida es algo lesbiana), que se va a dar un voltio porque está un poco apático. La mala suerte se ceba también con él porque Banderas lo encuentra, embiste su moto con una fragona y le hace meterse el gran hostiazo. Rapta a Vicente, lo encadena en una cueva y lo deja allí solo, únicamente dándole agua, a la espera de desvelarnos su maquiavélico plan. Lo hace cuando su hija, ingresada de nuevo en el psiquiátrico, decide también aplicar sobre su cuerpo la fuerza de la gravedad no vaya a ser que los principios de la física sean un engaño. Desgraciadamente tampoco vivió para contárnoslo.

Como dije, Banderas era un cirujano súper famoso, creador de la primera piel sintética del mundo haciendo uso de técnicas transgénicas en contra de las normas de la Bioética. Así que decidió, sin hacerle firmar consentimiento informado ni testamento, usar a Vicente como cobaya. Lo curioso de todo es que Banderas (o Almodóvar), fuera de sí, primero le cambia el sexo a Vicente, se lo explica de forma fría, luego le arranca la piel y se la cambia, y al final le moldea la cara… ¡por la puta cara!. El resultado final fue Elena Anaya, Vicenta, Vera… o algo. El brutal cambio fue progresivo. Claro. Todo lo progresivo que pueda ser transformar a Leo Messi en Monica Belluci. Atención a los consejos de Banderas a Vicentita: primero dilatarse el chochete, poquito a poco no vaya a estenosarse por falta de uso; te dejo dilatadores, luego a ponerse en forma, luego que si hace yoga… Todo supervisado por la criada (madre no reconocida) de Banderas a través de monitores que la espiaban las 24 horas. No era un trabajo fácil ya que Vicente trata de matarse varias veces, mucho mejor al principio cuando se secciona el cuello con un cuchillo bien afilado. Posteriormente realizaría conatos propios de un descerebrado metido a ingeniero aeroespacial, tratando de matarse cortándose las tetas con las hojas de un libro de gafapastas. Toda una aportación a las técnicas de autoasesinato que podrán perfeccionar las futuras generaciones: el suicidio culto. Me excita la idea de gente suicidándose con las hojas de los libros de Caillou o de Dónde Está Wally.

He aqui el momentazo de la película: un día aparece en la casa el Tigre, que no es otro que el hermanastro amante de la mujer muerta de Banderas. Lo hace con esas pintas porque atraca una joyería y su cara sale en la tele de toda España, por lo que aprovecha el carnaval para coger el disfraz más espantoso e ir a visitar a su madre, a la que tanto quería. Tanto que la amordaza y ata a una silla cuando ve sorprendido que la mujer a la que tenían presa en el caserón, ahora manchego, es Elena Anaya. No daba crédito. ¡Yo!. ¡Nosotros!. ¡La sala!. Me ahorraré el vomitivo momento en que su lengua recorrió el monitor en el que aparecía el rostro de ésta, sus palabras sobre lo mucho que quiere follar con ella, o su deseo de que a él también lo opere su hermanastro. Su posterior entrada en el cuarto y la violación también me hacen comprender por qué Almodóvar nunca podrá competir con Bob Esponja por la franja infantil. Me cagué en su puta estampa.

Afortunadamente llegó Banderas y, lógicamente, se cargó al Tigre. Luego tiró el cadáver, o eso me imagino, y se puso a follisquear con Elena Anaya, Vicenta, Vera o quien carajo fuese. Así, como quien quiere la cosa. “Hola Vicenta, Vera, o quien demonios seas, follamos aunque te haya arruinado la vida”. No se lo dijo, ¡pero vamos! ¡y qué carallo podría decirle!. Eso sí, no consumaron porque le dolía el chochete de lo grande que era el pene del Tigre (textual). Los ojos desorbitados son una constante en esta película. Lo más normal ocurre cuando el socio de Banderas, otro cirujano que participó bajo engaño en la operación de cambio de sexo inicial de Vicente, descubre semejante marronazo. “Chacho, que le quitamos el pito sin permiso, me engañaste wey, qué wea es ésta, qué le ise”. Sabe dios lo que podría decir uno en un follón así. Hijo de tigre como mínimo. Banderas le dice que o se calla o se va a hacerle compañía al Tigre. Elena Anaya recuerda ahora, así porque sí, lo mucho que odia a Banderas. Elena recuerda que era Vicente. Así porque le sale del higo. Le pega un tiro a Banderas, se va corriendo a Compostela para decirle a su ex-compañera de trabajo que es Vicente. Y la película termina con su madre, frente a frente, escuchando la payasada más brutal que se le podría haber ocurrido al genio: “hola mamá, soy Vicente”.

¡Dan ganas de volver a verla, pero esta vez en 3D!

Buried (Enterrado). Las cosas que debes hacer si te entierran vivo los iraquíes.

15

Pongámonos en situación: eres un transportista americano, o cualquier otra cosa de cualquier otro país occidental, y se te ha ocurrido ir a Irak a forrarte, o a otra cosa. El caso es que estás en Irak y como los iraquíes son malos e insurgentes, signifique esto lo que signifique (hasta hace unos años pensábamos que Irak era el país de los iraquíes), te secuestran. Y como además, son un poco hijos de putilla, te entierran vivo. Pero no todo es malo. Los ataudes en Irak son más grandes que algunas habitaciones de estudiante en las que hemos “vivido”. Es más, no te entierran para matarte, lo hacen como negocio. Imagínate: un ataúd de unos 2’40 metros de largo, más de un metro de ancho y de alto indefinido (si grabasen una película sobre tu secuestro, la altura dependerá del plano, pero aseguramos que es suficiente para vivir holgadamente). Los iraquíes te cederán amablemente algunos utensilios para llevar a cabo su objetivo: un móvil de última generación (más abajo especificaremos sus características), dos tubos fluorescentes, una linterna que funciona cuando le das golpes, con filtro rojo incluido, un mechero zippo inagotable, una petaca con vino Don Simón, tus pastillas para la ansiedad (puede que también un par de paracetamoles), una navaja multiusos y un lápiz. Eso sí, los muy chorizos te habrán quitado el único número de teléfono útil que llevabas en el bolsillo y que, debido a tu carácter distraído y despreocupado, no acertaste a memorizar.


Éste podrías ser tú.

Ya estamos puestos en situación. Te despiertas, todo está oscuro (como habitualmente hasta que enciendes la luz). Pero no hay luz. Te das una hostia con la cabeza contra algo duro; parece madera.

Consejo 1: no hiperventiles, estate tranquilo. Recuerda, estás en Irak, es probable que te hayan secuestrado y enterrado vivo en un ataúd, así que sería conveniente si quieres seguir vivo más de cinco minutos, que ahorres algo de aire. No por respirar muy rápido vas a salir antes.
Consejo 2: si a la tercera vez que le metas un mamporro padre a la madera y no se rompe, no sigas, porque lo próximo en romperse será tu hueso.
Consejo 3: busca un clavo en la madera, porque seguramente los iraquíes, famosos en el mundo por hacer unos ataúdes de mierda, se hayan dejado algún clavo salido que te servirá para desatarte y quitarte la mordaza. Ya puedes gritar.
Consejo 4: deja de gritar. ¿No ves que nadie te oye? Asúmelo, te han enterrado.

En esto te das cuenta de que tienes al alcance de tu mano un zippo. Enciéndelo, teniendo en cuenta 2 consejos:
Consejo 5: los mecheros se gastan. Excepto si es iraquí. Es de todos conocido que los mecheros fabricados en Mesopotamia tiene tarifa plana de gas, por lo que puedes dejarlo encendido torrato.
Consejo 6: apágalo. Consume oxígeno. Si no me crees, lee un libro. El fuego, para existir, necesita aire, como tú. De momento no se ha inventado la tarifa plana de aire dentro de un ataúd.

Con esto has conseguido ahorrar diez minutos de aire. Ahora puedes rebuscar en tu ataúd, algo que comunmente denominamos “revolverse en la tumba”, porque seguramente encuentres un teléfono móvil.
Consejo 7: si llevas 16 meses en Irak, lo mínimo que deberías saber es algo de árabe. Compréndelo, allí los menús de los móviles no están en inglés ni en español. Al menos las palabras: menú, configuración, opciones de lenguaje.
Consejo 8: si estás enterrado en un ataúd y suena el móvil, ¡cógelo! aunque las letras salgan en árabe. Igual es interesante, piénsalo.

En caso de que no lo hayas cogido y no sepas ponerlo en tu idioma (todavía, porque es de esperar que no seas tan inepto como para hacerlo en cinco minutos), ¿a quién llamar?
Consejo 9: no llames a tu puta casa si sabes que hay contestador automático. Llama a algún amigo pobre, en paro y con internet. Búscate un buen amigo con estas características, a ser posible que no se enfade ni se tome a mal que te hayan secuestrado. No llames a la amiga más petarda de tu mujer.
Consejo 10: apréndete el teléfono de emergencias de Irak. No llames a las emergencias de tu pueblo, porque es probable que no puedan hacer nada para ayudarte. También es probable que si los llamas para decirles que estás en Irak enterrado vivo, se crean que eres un pirado.
Consejo 11: si una vez que das con alguien, lo primero que te dice es “no llames a los medios de comunicación”, lo primero que tienes que hacer es LLAMAR A LOS MEDIOS.

Resumen, aunque sé que me repito: apaga el zippo. La luz del móvil es suficiente. Respira despacio. Llama a los medios.
Consejo 12: cuando te den el teléfono de la única persona que puede rescatarte en Irak, ve al grano, no hace falta que os pongáis a comentar lo buenos o malos que son los iraquíes. Perderás un tiempo muy valioso. Asegúrate de que ese diplomático, que supuestamente va a interceder para liberarte, cobra solo por persona liberada. Si no te fías, es razonable que te de el nombre de algún liberado por ellos. Consejo 12.1: tú no pagas la factura de un móvil que no es tuyo. Aprovecha que los móviles iraquíes son de última generación (cobertura bajo tierra 3G, batería interminable, cámara de video HD…) para conectarte a internet. Ser desconfiado te ayudará a sobrevivir, por lo que es conveniente que busques en google si ese señor es un inepto. Busca su perfil de Facebook y cágate en su puta madre en su muro.
Consejo 13: no te duermas, no es momento, estás a punto de estirar la pata. Si te duermes, podría ser que entrase por una rendija una serpiente o un oso.
Consejo 14: si te entra una serpiente en el ataúd, lo último que debes hacer es prenderle fuego. Consejo 14.1: por muy mala estima que tengas al Don Simón, es el único vino que puedes beber, no lo malgastes por una serpientilla de nada, que hay millones. Consejo 14.2: si se te va la pinza y derramas el alcohol sobre la serpiente para quemarla, recuerda que el ataúd es de madera, y la madera arde. Consejo 14.3: el fuego produce humo, CO2 y quema O2. Si no quieres morir ahogado como la serpiente, sería mejor que pensases que casi mejor es morir por la picadura del bicho.
Consejo 15: si resulta que una serpiente te entra en el ataúd, escuchas a morillos cantar en la distancia, TIENES COBERTURA EN EL MÓVIL y se te abre una brecha por la que empieza a entrar arena, no te duermas, podría ser que si lo intentas un poco igual puedes salir.
Consejo 16: deja de hacer llamadas estúpidas a tu casa. Si tu mujer coge el teléfono lo que vas a conseguir es que la ingresen en psiquiatría con una crisis de ansiedad.
Consejo 17: si a tu madre con Alzheimer la has metido en una residencia a miles de kilómetros de tu casa, no la llamas nunca y lo mucho que haces es mandarle unas flores que ni siquiera sabes si le llegan, no la llames ahora. Es muy probable que no se acuerde de ti, o si lo hace, desee tu muerte bajo la arena.
Consejo 18: Regatea. Es muy habitual que los iraquíes pidan que consigas 5 millones de dólares para liberarte y sin insistir bajen a 1. Si regateas podría ser que te dejasen salir gratis. Y si te dicen que si tienes que cortarte un dedo, no lo hagas todavía, ¡regatea!, con un poco de suerte se conforman con que te cortes una uña.

Durante tu estancia en la caja podría ser que la empresa que te paga por tu trabajo en Irak busque alguna triquiñuela para no tener que pagar ninguna indemnización si la espichas.
Consejo 19: si ni el FBI puede localizarte ni identificar el número desde el que llamas, si recibes una llamada de tu jefe desconfía. Puede ser que lo del secuestro se trate de un expediente de regulación de empleo no al uso.
Consejo 20: si durante la llamada de tu jefe, éste te informa de que va a grabarla para certificar que estás informado del despido “procedente”, cágate en sus muertos y cuelga. Sería una estupidez no solo que lo dejes grabar, sino que aceptes que tu familia se quede sin el dinero del seguro como consecuencia del secuestro.
Consejo 21: LLAMA OTRA VEZ A LOS MEDIOS. Si tu gobierno te explica que no negocia con terroristas, consigue el número de la CNN, de la T.I.A. o de El Jueves. No vas a arreglar nada tomándote uno de esos ansiolíticos que llevas en el bolsillo y quedándote dormido.
Consejo 22: si el ejército de los Estados Unidos te dice que ya te ha encontrado, que están encima de tu ataúd, que ya están excavando, es lógico que con tus propios oídos escuches algo. Si no es así, no mientas a tu mujer.
Consejo 23: el suelo de Irak está lleno de ataudes, escoge uno suficientemente llamativo. Si no, ármate de paciencia, es probable que encuentren a otro antes.
Consejo 24: si tienes claro que la muerte es inminente, está permitido comerse todas las pastillas que llevas en el bolsillo, ya sean de ibuprofeno o de diazepam. Es mejor morir comiendo pastillas que comiendo arena iraquí.
Último consejo: si sobrevives (algo fácil siguiendo estos consejos) y te ofrecen hacer una película basada en tu historia, recházalo. A poco que seas apañao, tú mismo puedes invertir entre 20 y 50 euros en hacerla y vivir del cuento el resto de tu vida.