El decálogo del médico nómada

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¿Cómo disfrutar siendo un médico eventual al 75%?

Estoy harto, no va a pasar un día más sin que yo cuente al mundo las cosas buenas que tiene para un médico el que lo contraten al 75% mes a mes y de vez en cuando. Porque tiene un montón de cosas buenas que no se pueden dejar pasar, y menos en los tiempos que corren escuchando tanto ladrido distante de perros que al final son gatomulos con la barriga llena de pienso del caro. He dicho.

1.- Lo primero guay de ser eventual es que, si te hartas, te vas. Después de tanto tiempo estudiando y currando, formándote, como les gusta decir, ya tienes cierto amor propio. Como mínimo te gustan cosas que haces en el trabajo, consideras que aunque te queda mucho por mejorar, hay cosas que haces bien. Allá quien no te valore. Si ese contrato llegó a ti, que estás al fondo de la lista, es que hay cosas mejores; si es que las quieres, porque puede ser que ese contrato eventual te encante porque puedes hacer turismo, lo que nos lleva al punto dos.

2.- El médico nómada. Ser eventual, o nómada (de momento sin necesidad de usar burro o camello), equivale a estar un día en un consultorio y otro día en otro. Sobre todo al principio disfrutarás yendo y viniendo, conociendo sitios que jamás imaginaste que visitarías. Si tienes cierta vocación fotográfica, seguramente le saques rendimiento al viaje; seguro que la tienes, porque después de varios meses en paro eres capaz de verle la emoción al vuelo de una mosca alrededor de un plato de fabada. Si además te toca el medio rural, seguramente te mandarán lo más lejos posible, a sitios remotos por los que no suele ir mucha gente, los que suelen ser más llamativos, frecuentemente zonas montañosas. Pueblos donde se come bien, con vistas buenas y gente mayor que, salvando excepciones, todavía conserva esa educación recíproca en el trato que a veces brilla por su ausencia en otras edades y medios.

3.- El médico nómada es nuevo en el pueblo. El médico nuevo suele ser visto por algunos usuarios como una nueva posibilidad de resolver sus problemas, así que normalmente se te llenará la lista. ¡Enorgullécete! Trabajarás pensando en que, quizá, le alegres la mañana a alguien. ¿Que llegas al pueblo y no está la lista llena? No te preocupes, como la pólvora correrá el rumor de que parece ser que hoy ha venido un nuevo médico. Prepárate bien para una consulta de segunda opinión médica.

4.- Ser nómada no equivale a escurrir el bulto. Ir de un lado a otro con el maletín lleno de medicinas te hace sentirte médico. Tu coche es una ambulancia móvil dispuesta a prestar asistencia sin parar. El no va más para los servicios de salud. No lo vas a hacer, pero tú y tu sufrido coche os sentiréis como un servicio público, aunque no te paguen dietas.

5.- La emoción del pueblo nuevo. La emoción del nómada es que cada día es una aventura. El buen nómada no tiene llaves del consultorio y no se agobia, en realidad no sabe ni siquiera cómo llegar a él porque no sale en ningún callejero. Las llaves no las tienes no porque no hayas llamado antes unas cuantas veces para pedirlas, sino porque sabes que en el pueblo siempre hay unas si no te las han entregado. Es que, normalmente, no te van a dar llaves porque no hay para ti. Pero siempre estarán una señora María o un señor Antonio dispuestos a abrirte la puerta. Es genial porque conocerás a un montón de gente nueva agradable y encantada de echarte una mano y, si hace falta, tirar la puerta abajo.

6.- Los designios de la informática son inescrutables. No te enfrentes a ellos ni te des golpes contra las paredes. La mayor parte de las veces llegarás al consultorio y no podrás acceder a la lista. ¿Por qué? Bah, no importa. Haz la llamada de rigor, pon una incidencia y dedícate a lo tuyo, que es trabajar con personas. No te enfades, en serio porque no vale la pena ni arreglarás nada. Los informáticos estarán metidos en un zulo y lo que tú haces es algo que no pueden comprender, por eso igual en algún caso ni se darán prisa. Pero lo tuyo es escuchar, preguntar y usar tus herramientas. Lo demás es un complemento. Disfruta de cuando no hay ordenador, que serán varias veces.

7.- Los avisos a domicilio, esos grandes interrogantes. Las visitas domiciliarias en un pueblo nuevo generan mucha ansiedad, y más cuando no tienes un mapa callejero. Olvídate de gps y Google maps porque la mayor parte de las veces no vienen los nombres de las calles en los pueblos minúsculos y, en caso de aparecer, donde no aparecen es en las calles. Olvídate de placas y números en las casas. Nunca olvides preguntar al demandante de asistencia un teléfono y su mote, si lo tiene. Pídeselo de una forma sutil, por si acaso no es un mote agradable para él. Y pide referencias de la localización del domicilio, aunque no te enteres bien de lo que te están explicando. Fíjate, es la posibilidad de conocer el pueblo a fondo, subir y bajar calles, adentrarte en él. Para disfrutar más, es de obligado cumplimiento comprar algo de vuelta al consultorio: un pan, un dulce, el periódico o una caja de Ibuprofeno, da igual, pero has de hacerlo. Y llévate tu cámara de fotos siempre encima.

8.- Respeta las tradiciones. El médico nómada respeta la forma de trabajo del médico habitual, porque aunque introduzca todas las aportaciones personales, “donde fueras haz lo que vieras”. No vale la pena romper con la forma de actuar de los nativos porque te puedes ganar un disgusto. Al contrario, el hecho de experimentar con todos esos elementos que crees odiar te hará reforzar, o hacer dudar, de tus convicciones. Ver formas de trabajo distintas te hará mejor. Aprende de lo bueno y lo malo que ves en la forma de trabajar de los demás.

9.- El médico nómada es un médico conductor. Tienes encima más kilómetros que los celadores conductores de Urgencias. Carreteras con hielo, con desprendimientos, con mil curvas, con mil locos sueltos. Tu experiencia al volante se va a multiplicar y disfrutarás conduciendo.

10.- El médico nómada y la música. Agarra todos tus discos y búscate nuevos. ¿Siempre echaste de menos no tener más tiempo para escuchar aquellos discos? Pues es el momento de ponerte con ellos y tirar de Pitchforks y demás y conocer al grupo neoyorquino del momento, o adentrarte en el jazz, la música africana o el drone.

Son diez pero podrían ser algunos más. Se aceptan sugerencias. De cosas malas estoy hasta la lámina cuadrigémina. ¡Ciao lamentos, adiós!

Aplicaciones médicas para iPhone (junio de 2013)

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Después de dos años y medio usando un iPhone no puedo estar más contento con su estabilidad, su rendimiento y sus aplicaciones. Vamos a citar algunas de uso médico profesional, dedicadas especialmente a Médicos de Familia y residentes de Medicina Familiar y Comunitaria, que les pueden resultar útiles en consultas, avisos domiciliarios, guardias o en tu misma casa. Algunas son de pago y otras gratuitas, pero con las que me he quedado normalmente me ha valido la pena pagar el precio. Son unos apuntes muy breves, pero igual a alguien le pica la curiosidad y puede completar información en la Appstore. Las sugerencias, abajo en los comentarios. ¡Gracias!

2013-06-22 17.16.11

iMedimecum: la más cara que tengo y la más usada. La rivalidad entre Vademécum y Medimecum en el iPhone tiene poco color. Así como Vademécum te pide que anualmente renueves la licencia, el iMedimecum se compra una vez y se van recibiendo actualizaciones. Como defecto, señalar que no tiene los apéndices que figuran en la versión papel y que las actualizaciones llegan con una periodicidad irregular y a veces un poco tarde, pero la información que contiene y su manejo hábil y rápido la convierten en muy útil, sobre todo fuera de la consulta o cuando se necesita hacer una consulta rápida.

DermoMap: es una aplicación de Dermatología, muy visual y que tirando de un motor curioso, nos permite hacer diagnósticos diferenciales en función de la distribución de las lesiones en unos modelos 3D. Aporta imágenes y completa las patologías con indicaciones sobre tratamientos. Hace demasiado tiempo que no se actualiza, pero no deja de ser útil, de vez en cuando, a la hora de recordar algunas lesiones de forma rápida.

CCardio: hay varias calculadores de Riesgo Cardiovascular, pero ésta aporta el cálculo de Framingham, Score, REGICOR, SEC y Sociedad Europea de Hipertensión en una única aplicación. No es la aplicación más ágil del mundo pero cumple con lo que promete.

iTOX: manual de Urgencias sobre intoxicaciones. Aporta una información muy completa sobre intoxicaciones, picaduras y antídotos, además de las técnicas a realizar. La información nunca es mucha, pero quizá se eche en falta una guía un poco más visual y rápida. Precio un tanto caro para el limitado uso que se le puede hacer.

Guía Terapéutica Antibiótica: realizada por personal del Hospital Son Espases de Palma de Mallorca. Una suma de guías clínicas de tratamiento empírico de las infecciones más frecuentes a las que tenemos que hacer frente, con información en la línea de los manuales de Urgencias en papel, pero bien estructurada.

ECG-card: he probado muchas aplicaciones sobre electrocardiograma, sobre todo para tener un pequeño chuletario de uso rápido para aquellos a los que los criterios se nos olvidan si nos los repasamos mensualmente. AL final llevo un tiempo con ésta, aunque hay una gran varidad, desde aplicaciones completas con exámenes integrados hasta ésta, quizá muy básica, que incluye criterios y nada más.

Gestograma: diga adiós a las ruedas que tenemos metido en el cajón de la consulta. Hay varias aplicaciones destinadas a ofrecer la información que éstas nos dan basadas en la fecha de la última regla. Ésta es la que estoy usando actualmente, pero hay muchas otras similares.

Guía de fármacos i.v. en Urgencias: imprescindible para un MIR de cualquier especialidad que haga guardias, sobre todo en la puerta del Hospital. Bayer ha creado esta aplicación que incluye un completo listado de fármacos que solemos usar en Urgencias y lo expone de forma concisa para que podamos echar mano de ellos de forma rápida y, lo que queremos todos, segura.

Guía terAPPéutica: creada por la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria, se trata de la aplicación en la que han incluído la información de la Guía Terapéutica en formato papel. Está en sus primeras versiones y está poco pulida, sobre todo en la forma de buscar y presentar la información, pero si tal como promete incluye toda la información de todas las patologías de la edición en papel, es una pasada.

OrtoTrauma: otra aplicación con una cantidad de información muy grande. Abarca la patología traumatológica, fundamentalmente fracturas, aportando imágenes, diagnósticos y tratamiento, además de recuerdos anatómicos muy útiles y ayudas en la exploración. Quizá visualmente no sea de lo más atractivo, pero todo es cuestión de que mejoren un poco ese aspecto porque el resto es muy útil.

MedCalc: hay muchísimas aplicaciones que nos ofrecen calculadoras médicas, tan útiles en la puerta de Urgencias del Hospital. ¿Será prerrenal o renal? Aquí están todas y más para esos momentos de apuro en que uno tiene que respirar hondo y ponerse a sumar y restar. MedCalc me gusta porque visualmente es muy clara, te permite guardar fórmulas favoritas y está en español.

BabyMecum: he tenido aplicaciones de cálculo de dosis pediátricas más complejas y profundas, pero ésta incluye algunos de los fármacos más frecuentes para aquellos que estando en Atención Primaria y ya con cierto cansancio mental, echen mano de una calculadora rápida de dosis basada en el peso del paciente.

Manual IV: a pesar de que uso más la guía de fármacos i.v. más que ésta, la he dejado por cariño, porque ha sido la que he usado más en Urgencias antes de que saliese la app de Bayer y es muy parecida en cuanto a uso e información.

DM2 fácil: es una aplicación que ofrece una guía de manejo de DM2 con información de las últimas guías clínicas.

Estrategias terapéuticas en Medicina de Urgencias: creada por personal del Hospital Universitario y Politécnico de La Fe en Valencia, ofrece lo que suelen ofrecer nuestros manuales de Urgencias clásicos, con diagnóstico y tratamiento de la patología urgente más importante.

iPediatric: es una aplicación orientada a padres, que incluye consejos de salud en patologías con elevada incidencia en la población infantil, por lo que a veces no viene mal a la hora de completar un informe de tratamiento incluir algunos de estos consejos que, por falta de tiempo, obviamos un poco en detrimento de las medicinas.

Qué es un MIR o “médico residente” en un país en crisis

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¿Qué es un médico residente? Con razón, mucha gente no sabe qué es un médico residente, nadie se lo ha explicado: si un interino o un estudiante; un médico residente es un licenciado en Medicina que está haciendo una especialidad. Durante ella, usted podría encontrárselos en Urgencias, en su Centro de Salud, operándolo o haciéndole una ecocardiografía. Son estudiosos, porque los médicos nunca debemos dejar de estudiar, pero son médicos con todas las letras: han obtenido el título tras los seis años de carrera universitaria y después han preparado, al menos durante un año, el examen M.I.R. La nota obtenida en él permite, según la demanda, hacer una u otra especialidad. Es en ella cuando uno se llama “médico residente” o “MIR”.

El libro del médico residente ideal lo define como un médico joven, al menos de espíritu, abierto a todos los conocimientos prácticos que se le ofrecen en sanidad una vez terminada su formación en la facultad. El período de médico residente ha de ser una exposición como la del chiquillo en los primeros años de su vida a todo tipo de gérmenes para inmunizarse. El residente ha de adquirir todas las habilidades posibles porque en esta etapa siempre debe estar supervisado y ser ayudado por distintos médicos/tutores, que orientan, enseñan y, de una forma u otra, auditan que el residente es apto para realizar el trabajo. La “formación” la coordina una Unidad Docente, donde se valora el trabajo del residente, dándole anualmente una calificación en función de su trabajo, cursos, aptitudes, etc. En este trayecto de varios años es cuando usted va a encontrar a los residentes.

Cada especialidad, cada ciudad y cada hospital son distintos, dentro de la uniformidad del programa formativo de cada una. Están las diferencias normales entre cada Servicio: no es lo mismo rotar (verbo que usamos para hablar de las estancias temporales en otros Servicios que no son el nuestro para adquirir unas habilidades concretas) en Cardiología en Alicante que en Sevilla. No ya solo por cuestión de que sea mejor o peor en tal o cual sitio, sino porque siempre será distinto porque las personas que ofrecen docencia también son distintas, en todos los sentidos. Como MIR de Medicina de Familia, puedo hablar de mi especialidad, para lo cual es mejor hacer un punto y aparte y abandonar la teoría.

El MIR de Medicina Familiar y Comunitaria (MFYC) es, además de un médico formándose para atenderlo en los ambulatorios o Centros de Salud, un médico barato para la administración. Supuestamente es el Médico que, pasados cuatro años de especialidad, lo atenderá habitualmente en el futuro en su Centro de Salud, tanto en horario normal como en horario de Urgencias. El Médico que irá a su casa cuando usted esté malo y no pueda ni siquiera desplazarse. Es quien debe preocuparse por su salud a diario. Pues bien, los que nos formamos en esta tan complicada como bonita especialidad, durante nuestro período formativo estamos atados a las Urgencias hospitalarias. El razonamiento es correcto: las urgencias hospitalarias nos dan una visión de la patología y un manejo de los casos más graves, que nos ayudará a sacar adelante problemas que se nos presenten una vez estemos fuera del Hospital. Aunque también hay compañeros que realizan nuestra especialidad porque es la vía, actualmente, que permite posteriormente ser Médico de Urgencias en el Hospital. Pero, la mayoría, lo hacemos porque nos gusta la Medicina de Familia, el trabajo tradicional del Médico, su visión clásica.

El buen argumento de que estamos en Urgencias para formarnos se desvirtúa en el momento en el que la formación deja paso a la explotación, convirtiéndonos en peones baratos de la puerta del hospital, porque al final estamos asumiendo una responsabilidad que no está justificada ni por lo que cobramos (mucho menos que cuando ya se tiene el título de “especialista”) ni, alguna vez, por el apoyo o supervisión con el que contamos. Si el residente está formándose, si cobra muchísimo menos que un médico con la especialidad, si no es personal fijo ¿por qué las Urgencias se caerían si no hubiese residentes?. Si usted conoce algún médico residente podrá contarle mil historias para no dormir. ¿Quiere decir que cuando lo está atendiendo a usted un residente lo atienden mal y peor? No. De hecho la perspectiva de un residente y su interés por concretar o resolver un caso pueden ser incluso beneficiosos. El residente piensa, pone en duda, estudia y busca respuestas a sus dudas antes de sacar conclusiones, incluso más que un médico con más recorrido. Al residente suele darle miedo dar pasos en falso porque tiene conocimientos pero le faltan años de experiencia. Un residente es ese médico al que verá consultando con otros médicos habitualmente, no porque no sepa, sino porque quiere confirmar y saber más. Es el médico que coge el libro vorazmente. Quiere ratificar que lo que está haciendo es lo correcto, y por regla general lo es, pero busca confirmación. Cuando un caso es el primero, el segundo, el tercero o el cuarto que ve en su vida, el residente se esmera incluso más porque tiene miedo de que se le escapen detalles. Evidentemente no todo es un camino de rosas, pero no solo para los residentes, todos estamos expuestos al error por variadas causas. Mucha responsabilidad, y aún encima se nos obliga a trabajar durante 24 horas seguidas. Sí, 24 horas. Yo tampoco lo entiendo. He ahí la importancia de los residentes: una “presunta plantilla” (no pertenecemos a ella realmente) barata, flexible y que permite no tener que contratar a más médicos especialistas. Esa es la sensación que tienen todos los médicos residentes que conozco de mi especialidad. Tu buena voluntad e inocencia iniciales dan paso a una sospecha de que tu trabajo, amparado en una supuesta formación, está orientado al ahorro.

Ahí enlazamos con el título: “en un país en crisis”. Si España está en crisis, ésta me parece más de valores que de dineros. La crisis de valores empieza en los cargos de gestión, que son médicos, algunos también médicos de familia, que ningunean a los residentes de forma absurda y antinatural. Lo que lee. Se nos trata como a empleados sin derechos y con obligaciones por doquier, jugando con nuestros turnos en pos de nuestra formación y, a veces, con la coletilla de “por necesidades de servicio”. Por un euro más de lo que ganarías limpiando casas, un residente está haciendo el trabajo en la puerta del Hospital, de guardia. Por menos de la mitad de ese dinero, puede estar a diario pasando consulta en el Centro de Salud al que está adscrito durante su formación. Por 6 euros la hora. Porque sepa usted que el sueldo base que cobra un médico residente sobrepasa escasamente los 900 euros. Luego están las guardias, algo que al final casi todos los médicos hacen obligados, bien sea por sus contratos o bien porque el dinero es necesario para lo que sea. Un residente es un médico barato, al que no se le valora el tiempo de formación en su casa, con los libros y el ordenador, o haciendo trabajos a pesar de estar de guardia cada dos por tres. Como está en período de formación ha de aguantarlo todo.

Pero la crisis de valores deriva en la económica. Los contratos basura y el paro asolan a los compañeros que han terminado la especialidad y ahora esperan la llamada para trabajar. A los que aún somos residentes se nos cita en nuestros hospitales para decirnos que no trabajamos lo suficiente, que somos afortunados teniendo un sueldo con la que está cayendo y que, claramente, aguantemos lo que nos echen y nos callemos. Ahora se pretende que las dos horas y media extra que ha impuesto el gobierno como ampliación de la jornada laboral, las hagamos en Urgencias. Es decir, horas extraordinarias no pagadas, ya que las horas en Urgencias, de toda la vida, han sido horas complementarias. Ahora serán regaladas. O eso o renunciar al 7% de ese sueldo base que ya había disminuído con los recortes.

El panorama es lamentable. Tratamos de que la situación no afecte a nuestra atención al paciente en cuanto a cordialidad y amabilidad, por todos los medios que no se note, pero cuando uno lleva 18 horas seguidas trabajando y le quedan 6, ha tenido media hora para almorzar y media para cenar (con prisas, siempre), no ha tenido ningún descanso por medio, no tiene previsto poder parar porque no dejan de llegar pacientes a Urgencias, y aún encima recuerda lo que está cobrando por perder la salud, qué quiere que le diga. Porque trabajar 24 horas seguidas es perder salud. Perder la salud por cuatro perras es una mierda, disculpen. Y otros agobiados cómodamente en sus despachos llevándose incentivos, “con la que está cayendo”.

El paciente es una víctima del sistema económico, como nosotros, que con la excusa de una “crisis” se intenta asestar un golpe final a la sanidad pública en forma de ajuste sanitario, como culpándonos de la crisis. Ni somos la culpa ni la solución. Los partidos mayoritarios, de ambos colores y gobernando en unas y otras Comunidades Autónomas, tratan de desmoralizarnos y que nos enfrentemos: médicos contra pacientes, médicos contra médicos, pacientes contra pacientes. Se promueve una corriente racista, así, como si nada. Y todos sabemos de dónde viene la crisis. Nosotros hemos de estar en el mismo barco y ayudarnos, porque estamos solos. Los directores sanitarios miran los números con admiración pagana, los subjetivos indicadores supuestamente de calidad y lo que se gasta en su salud. Usted y yo estamos cara a cara en una habitación, hablando de su salud, única, individual. Ayudémonos mutuamente ya que, al parecer, nos han abandonado. Y sean comprensivos, se avecinan tiempos duros y los residentes somos la mula de carga a la que poca energía más le queda para seguir tirando de un carro que no le corresponde.