Blank Dogs: no me chilles que no te veo

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Ya que nos hemos gastado una buena cantidad de dinero en el propósito de ir al Primavera Sound de este 2011, no está de más que, por una vez en nuestra vida, prestemos atención a los grupos que no conocemos aún a riesgo de llevarnos unos cuantos disgustos.

El repaso comienza mal. Al escuchar Blank Dogs me he sentido como cuando piso una mierda de perro nada más salir de casa hacia el trabajo. Nadie te va a quitar ese olor de encima hasta que apliques unos litros de lejía. Ser de Brooklynn imprime carácter a los “nuevos” grupos neoyorquinos. Como si ser de Nueva York y también de Los Angeles diese licencia para dar por saco de cualquier forma. Blank Dogs son un aborto de noise pop, o reverb pop, o mierda pop. El que defiende que más vale rápido y de cualquier manera que nunca. Tal cual fetos muertos en las primeras semanas de embarazo, salen a la luz cubiertos de una sustancia asquerosa y pestilenta, desagradable y aceitosa, y terminan en el mismo vertedero de escombros humanos como Ariel Pink, Gary War o No Age. No hace falta cantar, no hace falta producir, ni siquiera que suene bien. Lo principal es que suene mal, fundamentalmente embarullado, y que resuene como en un cuarto de baño para que así se pueda calificar de “art punk”. Solos de guitarra ridículos, melodías inexistentes y bases rítmicas simiescas motivan al suicidio colectivo. El videoclip de su “hit” titulado “Setting fire to your house” es el proemético de la náusea arty, o dicho comúnmente, me hace vomitar.