Los dolores del pelo lavado con Pantene: The Pains of Being Pure at Heart (Granada 12/01/2012)

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Ya he terminado de darme cabezazos contra el retrete. Una vez termine de escribir estos párrafos limpiaré los restos y estaré en disposición de volver a escuchar a The Pains of Being Pure at Heart, a los que me referiré a partir de ahora, para abreviar, como Pus.

Pus daban un concierto en la Sala Planta Baja de Granada, con entradas a 16 euros que se agotaron, y toda esa fama que los precede y que probablemente esté basada en que algunas canciones de su primer disco están bastante bien. Con un retraso de una hora y media aparecieron en el escenario sonrientes. A nosotros la sonrisa se nos había caído de la cara hacía unos 40 minutos. Hartos de esperar estábamos cagándonos ya en su madre; ayudó su frase de presentación “Uola simos De Pancho víen pura hey y vinimos de New York, Istados Iunidos”. Ah, ¡qué guay! Míralo, viene de New York. Y yo de Paiosaco, A Coruña. ¡Tócate los cojones, Penry!. Igual es que la hora y media esperando es una nimiez. Y fíjate, al chavalito éste con pinta de bachiller, si lo viese su madre salir de casa así peinado y vestido le iba a quitar la X-BOX una buena temporada. Porque si aún supliese un poco su falta de carisma con maquillaje o espuma del pelo podría concederle el tercer grado. O sin cantase mínimamente bien. Y poco le ayudó empezar el repertorio con sus nuevas canciones, recién extraídas de la banda sonora de “Dawson aún crece, despacito”. Pero ni siquiera el sonido merece más calificativo que el de patético, más acorde con una mala orquesta de pueblo que de un grupo que se supone es el nuevo salvador del pop indie. Lo que pasa es que nadie les ha lanzado la indierecta de que ser de New York a los mortales nos chupa un huevo.

Y todo eso por hablar del cantante. Del resto mejor ni hablar. La muchacha de los teclados, cuyo nombre no quiero ni citar, estaba en su puto mundo, tocando y cantando a destiempo como si se le hubiese ido la pinza. Normal con esa pelambrera Pantene metiéndose en todos sus orificios faciales continuamente. Los otros dos igual hacían coros, no lo tengo claro. Del batería no opino porque ni lo veía ni lo oía demasiado. Así, una tras otra, fueron tocando las pocas canciones que tienen, porque sí, puedes venir de New York y cobrar tus 16 euros de mierda, pero no vas a hacer las suficientes canciones como para tocar una hora y cuarto. Y no vea usted cómo agradecimos esa desfachatez. Enlazaron unas cuantas canciones que me encantan, como “Contender”, “Come Saturday” o “Young Adult Friction”, canciones que, para ser sincero, me parecen partes de la misma canción y que, en directo y con un sonido tan pastoso, daba la sensación de que eran versiones hechas por un grupo que estaba estrenando sus regalos del día de Reyes. Emocionalmente planos, la intensidad venía de darle una patada a algún pedal y hacer ruido, porque ellos, con sus sonrisas tontas en la cara tienen la capacidad expresiva de Chuck Norris haciendo de Clint Eastwood. Vocalmente mejor no compararlos con nadie, porque en este mundo democrático todos tenemos derecho a cantar y a tocar los cojones.

Tan insoportable estaba siendo la decepción que cuando llevaban 40 minutos tocando y dijeron que la cosa estaba por terminar, nos pusimos contentos. Y si hubo bises no lo sabemos porque nos fuimos raudos a sacarnos el mal sabor de boca con algunas tapas. Fueron lo mejor de la noche, y probablemente también para muchos asistentes que tenían la misma puta cara de mierda que nosotros. Por allí rondaba algún músico granaíno que merece millones de veces más la tinta que ha corrido con los Pus. Su cara tenía grabado un “polla, me aburro“.

Menos mal que un paseo por Granada y sus tapas siempre valen la pena, porque para venir de New York a dar por saco bien podían haberse quedado en Brooklyn que yo les hubiese pagado por no venir y quitarme la ilusión como cuando a los 9 años descubrí lo de los Reyes Magos.