The Walkmen, por qué la música es genial

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Llegué a ellos hace ocho años como ocurre tantas veces con la música: a través de un amigo. Desde entonces The Walkmen son mi grupo favorito, una etiqueta tan adolescente que hasta da miedo para un señor de treinta y tantos. Y a veces me pregunto si alguna vez habrá un grupo de rock que me llegue a gustar tanto. ¿Por qué? Pues por ser una banda distinta.

Siempre he detestado, incluso durante mi etapa de disfraz de escribiente musical, eso de hablar de un grupo como el que habla de Catalina de Aragón; que si nació tal año y se crió en tal sitio y que tuvo influencias de tal o cual persona. Uno habla de músicos como si estuviesen muertos y estuviese echándose el folio en el funeral. La música es la que es, como el fútbol. El Barsa mamonea con la pelota, es un hecho porque lo veo. The Walkmen son lo opuesto al ellos en la música. No tendrán a Messi pero es que no han especulado con su música ni un ratito. Tampoco han meado fuera del tiesto excesivamente.

Sus primeros discos son la desesperación del veinteañero, un refugio de esos pensamientos que te atormentan cuando todo da vueltas alrededor y no terminas de situarte. La gente viene y va y las referencias son escasas. The Walkmen han crecido con su música. La urgencia de estos tipos que visten como tu primo Ramiro no es la misma que la de los hype que se agarran a la pose como el payaso a su nariz. En tal caso, su pose sería antipose. Su primer disco es tan raro como sorprendente (Everyone who pretended to like me is gone). Está lleno de espacio, de reverb, de una épica derrotista pero que en la voz de Hamilton Leithauser siempre suena rabiosa, arropada por el piano que tenían en su Marcata Studio, donde grababan sus canciones antiguamente. Lo escuchas y piensas que qué raros son. Qué tipo de canciones son éstas. A quién le copian.

Tipos con americana y camisa comprada en cualquier tienda de ropa de caballero. Zapatos y pantalones arreglados, o vaqueros. Pero siempre con unas pintas que no harían arrepentirse a la madre de ninguno de ellos. Ni pelo largo ni barbas extraordinarias. Pero agarras The Rat, de su segundo disco (Bows & Arrows) y te cagas en la madre que parió a la persona a la que esté dirigida. Te cagas en todo. Fue tal el hit con The Rat que ya los medios especializados comenzaron a darles por culo. Decenas de grupos antes hicieron lo que se esperaba de ellos: dar más hits. Bows & Arrows tienen varios, pero… ellos aparecieron con A Hundred Miles Off, con trompetas y mariachis, riéndose en toda nuestra puta cara. Creo que fue cuando nos quedó claro que iban por libre y que su música era eso, suya.

A Hundred Miles Off no me gusta demasiado, es verdad, me resulta cargante por momentos, pero tiene la joya sureña y la bestialidad de All Hands and the Cook, una brutalidad de canción en directo en voz del líder de los salvajes. Es un disco extraño, escuchable pero que tiraba por otros derroteros que cuando llegó You & Me comprendimos. A The Walkmen no les interesaba en absoluto el rollo pavo. Este disco es, para mi gusto, el más sorprendente. Como no querían ser modernos y no iban a anclarse en el pasado, agarrando un discurso de gente que crece y cambian sus inquietudes, se metieron por vena, o algo, discos de los clásicos grupos de los 50 y 60 norteamericanos. Oldie puro y duro, pero con la música de The Walkmen, con ese reverb y esos arrebatos locos de Leithauser que terminan en una frase tierna para dejarnos boquiabiertos. En medio, canciones inolvidables: In the New Year es un clásico instantáneo y ese órgano se te puede meter en la cabeza y no salir de ella hasta que no te tires por el balcón. Es más de lo que podía pedir, creyendo que un grupo no podía sorprenderme para bien a partir de su tercer disco.

Luego vendría Lisbon, en la linea de retroceso, de huída hacia atrás, curiosamente acompañados por la crítica, fundamentalmente Pitchfork. Por entonces pude verlos en directo, primero en un concierto emocionante en una sala madrileña que es un recuerdo perfecto e imborrable de lo que son capaces de ofrecer sin mp3 de por medio. Luego el Primavera Sound 2011 y luego el Optimus PS 2012. Al verlos en directo uno comprende mejor sus canciones, de por qué son así, tan espontáneas y directas, y sus letras ancladas a las cosas que a uno le pasan cuando tiene una vida normal, es gente normal y tiene sentimientos normales hacia los demás. Blue as Your Blood me dejó en mi sitio, sentado esperando a comprender de qué carallo van. Son como una película en blanco y negro, una centrifugadora de influencias que van más allá de tres décadas pero que, con su personalidad, consiguen volverlas actuales.

The Walkmen nunca serán un grupo de masas. A mi me alegra. Prefiero no tener que usar los codos. Pero son tan inmensos que cuando han sacado Heaven me ha dado una pena igual de grande. Empiezas escuchando We Can’t Be Beat y piensas que se ha terminado. Vamos, que se retiran. No se puede hacer una declaración de amor (¿y de perdón?) así y luego pretender hacer algo más. Y luego decirte lo que te dicen en la canción que se titula como el álbum y hacer de tripas corazón. Ojalá me equivoque pero todo suena a adiós. Incluso los videoclips, llenos de referencias a su pasado juntos, a sus familias y a sus niños pequeños. Tanto tiempo de gira por todo el mundo… hasta lo comprendería. Prometo que no me dará rabia, que no me enfadaré. Me han dado tantos buenos momentos que ahora siento pena por no verlos nuevamente en una sala, lejos del ajetreo de un festival, vestidos con su ropa de chavales bien, de universitarios treintañeros, de maestros, dentistas o taxistas. La música es espectáculo y show, a mí me gusta. Pero cuando te encuentras con algo que fluye con tal naturalidad, igual te rindes a sus pies si no los conoces.

¿Qué más te puedo decir si aún no los has escuchado? Pues que nunca has escuchado nada igual. Larga vida a su música. Y gracias, claro.

Menos mal, ya volví de Portugal (Guía para ir y para poder regresar)

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Si ir a un festival de música importante es una aventura, e ir a Portugal es un reto, mezclar ambas cosas es similar a intentar curar una gripe dándose cabezazos contra el quicio de la puerta. La lógica, la memoria y la practicidad no es lo nuestro. Por eso cuando montamos en nuestro parabrisas el GPS Garmin, éste interpreta sin dudarlo ni un segundo nuestros pensamientos: ir de frente es de cobardicas.

Cobarde y acojonado llevaba el firmante desde el día en que repasó la lista de peajes por los que había que pasar para llegar a Oporto, destino final con su primera edición del festival Optimus Primavera Sound. Por eso quiero ofreceros una guía rápida para ir a Portugal, a lo que sea, bien a un partido de fútbol o a comprar una puta toalla de bidé. Hasta el motivo de visita más insospechado nos puede deparar un disgusto. En YesWeBoh queremos ayudaros para que podáis regresar con vuestras familias.

1.- Consultar la Biblia de los peajes en Portugal, un blog de una persona “normal” que se ha tirado muchísimas horas para que los más ineptos podamos programar el viaje a alguna ciudad portuguesa sin llevarnos un disgusto (aún así nos lo llevaremos, ojo al piojo).

2.- Leído o no, usted ha de saber que las autovías en Portugal ya son de peaje. Pero cuidado, son peajes electrónicos, trozos de hierro con forma de pórtico que van sacándole fotos a nuestro coche a medida que circulamos como tranquilos europeos por las autovías, obrigados. Es decir, si usted no prepara previamente su viaje a Portugal, su coche será objetivo de la Guardia Nacional Republicana en menos que canta un gallo.

3.- ¿Qué hago? Consultar el blog indicado. No solo nos dan un mapa de carreteras, no, también nos indican paso a paso cómo poder evitar el multón. Nosotros, acojonados, nos registramos en la web de Correios de Portugal; ahí tenemos una sección dedicada a los “Portagens”. Una vez registrados, escogemos nuestro “abono”: 3 o 5 días circulando por las autovías (en el blog se explica en qué consiste cada uno). Nosotros escogimos el de 5 días circulando, que “obliga” a pagar 10 euros, que son como una “tarjeta prepago”: de esos 10 euros se irán descontando los distintos peajes electrónicos bajo los que vayamos pasando. Pero, olé sus cojones; como usted se puede imaginar, para ir de Elvas a Oporto hay unos cuantos “pórticos”, los suficientes como para gastar los 10 euros. Vale, pues la recargamos. Tras dos horas buscando nos damos cuenta de que no se puede recargar “online”. Algo tan sencillo frente a lo complicado que parecía darnos de alta en lo de los 10 euros es… ¡imposible! Tan solo puede aumentarse el crédito en algunas áreas de servicio (las indican en el blog) y en las oficinas de Correios. Cágate. Lo único “bueno” es que durante los 5 días puedes estar en “números rojos” y recargar en cualquier momento sin que ésto sea ilegal.

4.- El prepago es válido para las antiguas autovías SCUT, abreviatura que hacía referencia a su gratuidad, ¡jé!. Para las autopistas habituales tipo A1, etc. no sirve, es decir, en los peajes normales usted tendrá que abonar el importe allí mismo.

5.- Usted coloca el justificante de pago que le ofrecen una vez se ha registrado y pagado, bien visible en el salpicadero, ¡y a viajar!. Nosotros con el alma en vilo, claro, porque todo esto que a usted le estamos escribiendo de corrido, nosotros lo fuimos averiguando progresivamente, como si de una novela de terror se tratara.

6.- Cruzas Puente Ajuda en Badajoz y… ¡tachán! Te para la Guardia Nacional Republicana (GNR). Menos mal que no estábamos siquiera en una SCUT porque si no el susto sería como para darse la vuelta al momento. Control de rutina y adelante.

7.- Cuando entras en las autovías con pórticos cruzas los dedos. ¿Esto estará funcionando? ¿Aquello que se ve por el retrovisor no es una patrulla de la GNR persiguiéndome? No. No, hostia. Estás paranoico. ¿Qué se oye cuando paso por debajo de un pórtico? Flisssssssh. Coño, no estarán multándome. No. Pon el papelito que se vea bien, no vaya a ser el demonio pinchauvas.

8.- Como buen español pagador, te detienes en una de las estaciones de servicio (la de Abrantes) que dicen se puede recargar. En tu gallego-portugués de pacotilla le dices a la señora que quieres recargar tu tarjeta. “No, no, no, aqui no se puede” dice en su portugués ultrasónico. Carallo, ¿y ahora? ¿recargamos al llegar a Oporto? Venga, va, nos arriesgamos.

9.- En el portal de CTT del que dimos el link antes y usando sus datos de registro, puede consultar los peajes que ha pagado y el precio, además del “saldo disponible”. ¡¡¡¡Pero cuidado!!!! Tarda varios siglos en actualizarse. De ahí nuestra paranoia conspiranoica. ¿Estamos pagando realmente? ¿Por qué aún no me salen estos peajes? ¿Tardará en actualizar?.

10.- Tarda más en actualizar que Paquirrín en hacer una cama. Pero yo como no lo sabía me acojono. Gasto de mi 3G, del roaming y de mi puta estampa los dineros para ir viendo si se actualiza o no. Hostia puta, que no se actualiza, que no podemos recargar. Que nos detienen y nos quedamos sin ver a The Walkmen y sin tomar bacallau dorado.

11.- Circula tranquilo, no te van a parar. No va a pasar nada si haces las cosas como son debidas. Cuando llegues a tu destino, si no es festivo, recarga la tarjeta. Pero no seas pardillo/a, recarga lo justo si vas a hacer un viaje de vuelta porque, según cuentan los que ya han pasado por esto, tardarán varios siglos en devolverte el dinero que te haya sobrado de tus sucesivas recargas.

12.- Lo más importante de todo, a la vuelta no se detenga. Es importante que desayune en algún bar lejos de las autopistas. Ni se le ocurra semejante cosa. En ellas hay furibundas hordas de portuguesas de viaje a Fátima, Tuy o adonde sea, dispuestas a que ningún español gilipollas de merda pueda desayunar antes que ellas. Es fundamental, para ir o venir de Portugal, alimentarse adecuadamente lejos de las áreas de Servicio, si uno no quiere volver en decúbito supino.

Parece fácil, pero no tiene nada de fácil. Todos estos pasos implicaron dosis de mala hostia, de incomprensión y de resentimiento hacia los portugueses. Hay que tener muy mala hostia para crear un sistema tan jodido y luego ponérselo tan difícil a los que venimos de fuera a gastar los dineros a su país.

El festival guay, ese es otro cantar, pero Portugal… vamos, que realmente sólo quería despotricar sobre los peajes, porque si me pongo a hablar de Oporto no paro. Madre, ciudad más desaprovechada, más avejentada y menos cuidada no la había visto nunca. Una pena con lo bonita que podría ser, con tanto barrio antiguo y casas de pescadores. Todo a punto de caer para abajo y matar a unos cuantos Pepes y Cristianos Ronaldos. A mí pena me daría un poco, porque son personas como usted y como yo. Preferiría que no pasase, pero me toca mucho los cojones que tengan unas carreteras tan de puta madre y unos peajes tan caros para luego dejar las ciudades de pena.

Venga, Portugal no me ha gustado y ya está, tampoco tiene sentido ensañarse. Ni de otras cosas apetece hablar. Pero tenga usted cuidado, que la toalla puede salirse en más de 100 euros.

Los dolores del pelo lavado con Pantene: The Pains of Being Pure at Heart (Granada 12/01/2012)

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Ya he terminado de darme cabezazos contra el retrete. Una vez termine de escribir estos párrafos limpiaré los restos y estaré en disposición de volver a escuchar a The Pains of Being Pure at Heart, a los que me referiré a partir de ahora, para abreviar, como Pus.

Pus daban un concierto en la Sala Planta Baja de Granada, con entradas a 16 euros que se agotaron, y toda esa fama que los precede y que probablemente esté basada en que algunas canciones de su primer disco están bastante bien. Con un retraso de una hora y media aparecieron en el escenario sonrientes. A nosotros la sonrisa se nos había caído de la cara hacía unos 40 minutos. Hartos de esperar estábamos cagándonos ya en su madre; ayudó su frase de presentación “Uola simos De Pancho víen pura hey y vinimos de New York, Istados Iunidos”. Ah, ¡qué guay! Míralo, viene de New York. Y yo de Paiosaco, A Coruña. ¡Tócate los cojones, Penry!. Igual es que la hora y media esperando es una nimiez. Y fíjate, al chavalito éste con pinta de bachiller, si lo viese su madre salir de casa así peinado y vestido le iba a quitar la X-BOX una buena temporada. Porque si aún supliese un poco su falta de carisma con maquillaje o espuma del pelo podría concederle el tercer grado. O sin cantase mínimamente bien. Y poco le ayudó empezar el repertorio con sus nuevas canciones, recién extraídas de la banda sonora de “Dawson aún crece, despacito”. Pero ni siquiera el sonido merece más calificativo que el de patético, más acorde con una mala orquesta de pueblo que de un grupo que se supone es el nuevo salvador del pop indie. Lo que pasa es que nadie les ha lanzado la indierecta de que ser de New York a los mortales nos chupa un huevo.

Y todo eso por hablar del cantante. Del resto mejor ni hablar. La muchacha de los teclados, cuyo nombre no quiero ni citar, estaba en su puto mundo, tocando y cantando a destiempo como si se le hubiese ido la pinza. Normal con esa pelambrera Pantene metiéndose en todos sus orificios faciales continuamente. Los otros dos igual hacían coros, no lo tengo claro. Del batería no opino porque ni lo veía ni lo oía demasiado. Así, una tras otra, fueron tocando las pocas canciones que tienen, porque sí, puedes venir de New York y cobrar tus 16 euros de mierda, pero no vas a hacer las suficientes canciones como para tocar una hora y cuarto. Y no vea usted cómo agradecimos esa desfachatez. Enlazaron unas cuantas canciones que me encantan, como “Contender”, “Come Saturday” o “Young Adult Friction”, canciones que, para ser sincero, me parecen partes de la misma canción y que, en directo y con un sonido tan pastoso, daba la sensación de que eran versiones hechas por un grupo que estaba estrenando sus regalos del día de Reyes. Emocionalmente planos, la intensidad venía de darle una patada a algún pedal y hacer ruido, porque ellos, con sus sonrisas tontas en la cara tienen la capacidad expresiva de Chuck Norris haciendo de Clint Eastwood. Vocalmente mejor no compararlos con nadie, porque en este mundo democrático todos tenemos derecho a cantar y a tocar los cojones.

Tan insoportable estaba siendo la decepción que cuando llevaban 40 minutos tocando y dijeron que la cosa estaba por terminar, nos pusimos contentos. Y si hubo bises no lo sabemos porque nos fuimos raudos a sacarnos el mal sabor de boca con algunas tapas. Fueron lo mejor de la noche, y probablemente también para muchos asistentes que tenían la misma puta cara de mierda que nosotros. Por allí rondaba algún músico granaíno que merece millones de veces más la tinta que ha corrido con los Pus. Su cara tenía grabado un “polla, me aburro“.

Menos mal que un paseo por Granada y sus tapas siempre valen la pena, porque para venir de New York a dar por saco bien podían haberse quedado en Brooklyn que yo les hubiese pagado por no venir y quitarme la ilusión como cuando a los 9 años descubrí lo de los Reyes Magos.

Optimus Primavera Sound, o cómo nos vamos a contar mentiras

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El Primavera Sound de 2011 fue tan desastroso en el aspecto musical para nosotros que nos conjuramos para no volver a un festival. “A partir de ahora solo conciertos sueltos”. Lo teníamos muy claro hasta que nos plantaron enfrente la versión “obrigada” del festival en Porto. En menos de una hora ya habíamos gastado nuestros ahorros vacacionales de 2012 en un Hotel y en tres abonos para el Optimus PS. Es verdad, la crisis es para todos pero menos. Gastarnos 120 euros en un abono catalán, sumarle el avión, el alojamiento y los desplazamientos por la ciudad era una barbaridad. Por la mitad que gastamos el año podremos irnos de vacaciones como los ricos. ¿Qué pasó el año pasado? se preguntará usted. Pues mire:

Partimos de nuestra ciudad de provincias por segundo año consecutivo sin hacer los deberes, es decir, memorizarnos los horarios de cada concierto. Es más, ni siquiera teníamos en cuenta a veces el maratón que hay que echarse para recorrer de extremo a extremo el recinto del Parc del Fórum. Y mejor no correr, porque conseguir bebida fue un acto heroico y de supervivencia humana. Me pregunto cuántos extranjeros incautos no fallecerían deshidratados en el intento de sobrevivir a las inmensas colas que se formaban frente a las taquillas de “recarga” de la tarjeta monedero, único salvoconducto válido para comprar bebida. O no. Tras horas esperando, recargabas tu tarjeta con más euros de los que necesitabas “por si acaso” y no tener que volver a sufrir esa pesadilla. Disfrutabas de un par de conciertos y te ibas a por viandas, con la sorpresa que se grababa en tu careto de paleto cuando el camareta de turno te soltaba un “es que en esta barra no sirve la tarjeta”. Pues ya se puede usted imaginar qué le dijimos de la tarjeta y de las posibles ranuras de inserción.

La conclusión fue que la música gafapasta no se puede disfrutar de mala hostia. Porque lo único que sacas son conclusiones abigarradas, como que Glasser bien podían cantar aquello de “Pavo Real” y les quedaría mejor que sus descocadas canciones de cabaret mugriento. El esperanzado Kode9, que iba a hacer un set con las cosas de Burial, lo que hizo fue dar por culo con unos samples aburridos y deprimentes que molestan incluso como ruido de fondo. Girl Talk era algo así como a las 5 de la mañana. Claro. The National estaban camino Soria, así que fuimos con tiempo: con tiempo de ver cómo miles y miles de personas se apelotonaban por un grupo que a medida que se hace más famoso, menos me gusta lo que hacen. Justo cuando empezaron nos fuimos por el insoportable ambiente de gente agolpada incluso en la parte trasera donde estábamos, fulanos y fulanas de aspecto sospechoso endrogándose como si estuviesen en una rave… Vamos, que cuando vayáis al hospital con dolor de pecho os debería atender vuestra vecina la Maruja. A Gang Gang Dance los pillamos con nuestra pierna cambiada. Dos canciones y a buscar otro concierto del cual ya ni nos acordamos. Para ver a Mercury Rev tenías que aguantar una cola del copetín en l Auditori, y de colas estoy ya hasta la calva. Vale, también hubo cosas buenísimas que nos gustaron: escuchar a Pulp en la distancia mientras degustábamos al fin nuestra bebida, gozar de The Walkmen en primera linea y con un público dispuesto a darlo todo, bailotear con Belle and Sebastian un rato a golpe de viejos hits. Vomitar con Suicide. Agarrarnos a los asideros con Triángulo de Amor Bizarro. No aburrirnos con The Flaming Lips. Fliparlo miccionalmente con Einstürzende Neubauten. Ternurilla con Nosoträsh…

Y al final repetiremos, pero de otra forma. Me duele la suprarrenal de pensar en un cartel con decenas de nombres y al final tener que quedarme con la décima parte y de esa décima parte ver en condiciones 2 o 3 conciertos. Para eso me quedo en mi casa y me pongo los discos, ahorramos y estamos más cómodos. Pero es que el cartel del Optimus, más reducido que el del PS, nos hizo la boca agua. Vale, no están vacas gordas (pero viejas) como Mazzy Star, pero han apuntado ya a:

Beach House (US) » tengo que repasarlos, no me acuerdo de ellos.
Björk (IS) » no soy fan, pero igual empiezo a serlo.
Codeine (US) » éstos creo recordar que me gustaban bastante.
Death Cab For Cutie (US) » carallo, sus últimos discos no los controlo nada, pero no querría perdérmelos.
Explosions In The Sky (US) » fallé en el PS 2011, me “olvidé” de ellos, o algo. Esta vez no pasará.
Jeff Mangum (Neutral Milk Hotel) (US) » No sé qué hará en solitario, pero NMH molan mucho.
Neon Indian (US) » anda y que os den. Aunque ya he cambiado de opinión otras veces.
Numbers Showcase: Jackmaster, Oneman, Deadboy, Spencer, Redinho (UK) » “¿Ehto qué polla é?”
Other Lives (US) » Vale.
Shellac (US) » No me interesa.
SISKIYOU (CA) » Me suena de algo.
Spiritualized (UK) » Joder, me suena y les tengo ganas, espero que lleguen a junio sin tener que ingresar más veces en el hospital.
The Afghan Whigs (US) » No soy fan, pero son grandes, a ver cómo cuadra la cosa.
The Dirty Three (AU) » Ummm, me suenan.
The Drums (US) » Hay que abrirse a los grupos nuevos, y de ellos éste es de los que más me apetece.
The Olivia Tremor Control (US) » Tengo miedo, ni idea.
The Walkmen (US) » Qué guay.
The XX (UK) » Qué guay otra vez. Igual hasta tendrán nuevo disco y todo, ¿no?
Veronica Falls (UK) » Pues que se levante.
Washed Out (US) » Y qué bien huele.
Wilco (US) » Me apunto.
Yo La Tengo (US) » Como coincidan con alguno de los previos, sea quien sea, les van a dar bien por saco (a los otros).

Ojalá en julio podamos decir aquello de “Portugal, mola”. Eso sí, habrá que ir bien de salud, por si acaso.

Blank Dogs: no me chilles que no te veo

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Ya que nos hemos gastado una buena cantidad de dinero en el propósito de ir al Primavera Sound de este 2011, no está de más que, por una vez en nuestra vida, prestemos atención a los grupos que no conocemos aún a riesgo de llevarnos unos cuantos disgustos.

El repaso comienza mal. Al escuchar Blank Dogs me he sentido como cuando piso una mierda de perro nada más salir de casa hacia el trabajo. Nadie te va a quitar ese olor de encima hasta que apliques unos litros de lejía. Ser de Brooklynn imprime carácter a los “nuevos” grupos neoyorquinos. Como si ser de Nueva York y también de Los Angeles diese licencia para dar por saco de cualquier forma. Blank Dogs son un aborto de noise pop, o reverb pop, o mierda pop. El que defiende que más vale rápido y de cualquier manera que nunca. Tal cual fetos muertos en las primeras semanas de embarazo, salen a la luz cubiertos de una sustancia asquerosa y pestilenta, desagradable y aceitosa, y terminan en el mismo vertedero de escombros humanos como Ariel Pink, Gary War o No Age. No hace falta cantar, no hace falta producir, ni siquiera que suene bien. Lo principal es que suene mal, fundamentalmente embarullado, y que resuene como en un cuarto de baño para que así se pueda calificar de “art punk”. Solos de guitarra ridículos, melodías inexistentes y bases rítmicas simiescas motivan al suicidio colectivo. El videoclip de su “hit” titulado “Setting fire to your house” es el proemético de la náusea arty, o dicho comúnmente, me hace vomitar.