La “boquita” de la abuela

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Hoy voy a seguir tus consejos, mi Huevo y Globo, y voy a empezar a actualizar tu regalo, para que veas que lo aprecio y porque hoy mi abuela me ha recordado que es importante que su legado más precioso, su propio lenguaje, conste para siempre (o hasta que me hackeen esto otra vez) en alguna parte (también aclarar que no tiene nada que ver con que esté sola en casa y ahora mismo tenga cero ganas de ponerme a estudiar).

En fin, si me pusiera a escribir todas las cosas que recuerdo que alguna vez me ha dicho y me han hecho llorar de risa o abrir los ojos desorbitadamente (aún sabiendo el riesgo que corro si me viene una ráfaga de aire en ese momento y me quedo así para siempre), como el día que me dijo aquello de  “no me gusta ná la Pá Padilla desde que la vi una noche en una peli pornis de ezas”, probablemente este sería el post más largo de la historia de internet. Como no tengo tanto tiempo (más bien no tengo tantas ganas),  voy a centrarme sólo en lo que me ha dicho hoy:

“mira cómo ya no dan más portazos” y le contesto “¿ein?” y me dice “zí zí, los niños jugando con la pelota y dando balonazos en el portón, y he zalío y les he dicho – Cucha oye… que zu vayái a dá pelotazos a vuestras cazas, o zi no, voy a llamá a los minipali ezo -… ¿cómo e?” y yo “¿municipales?” y sonríe y dice “eeezo… -Que me tenéi la cabeza ya ía con tanto pom pom y el perro mientras chau chau-“

Sin palabras (más).