Ah, ¿pero no era legal?

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De pequeño mi padre tenía una moto Yamaha muy bonita, o eso pensaba yo porque cada vez que me subía a ella de paquete me alucinaba tanto que se podía seguir mi rastro de babas por todo el pueblo. Pero resulta que hubo que apretarse el cinturón y decidió deshacerse de ella cuando yo tenía unos 7 u 8 años. Creo que cogí un buen berrinche, aunque no fue la causa de que no volviese a subirme en una moto. Sí me pasé buena parte de mi adolescencia subido en una bici: no es lo mismo pero casi. Es curioso cómo nos comportamos de una forma y no de otra, porque no termino de entender completamente qué lo condiciona. Iba yo peripuesto con mi estupendo atuendo del equipo Carrera de la era Pantani, un casco blanco como la cal, mis pedales automáticos del trinque… tan cool todo. Pero llegaba a la cola del semáforo y echaba pie a tierra tras el coche que me precedía. Y era completamente feliz, por mi cabeza no pasaba la posibilidad de zigzaguear entre los coches, ponerme en la primera linea y lanzar una ojeada a derecha e izquierda y, si no venía nadie, lanzarme con el farolillo todavía en rojo. Eso no existía en mi cabeza.

A los 18 años me saqué el carnet de conducir y entré en un nuevo mundo. Hasta entonces viví la carretera desde el arcén. Tuve mis más y mis menos con la Guardia Civil por ir de a dos por un arcén de dos metros de ancho (o más) aunque no llegó la sangre al río. Iniciarme en el arte del acelerador y el freno me acojonó del todo al darme cuenta de lo vulnerables que éramos los ciclistas. Me sensibilicé aún más. ¿Qué me pasó con las motos?

Tema aparte. Mi pueblo nunca fue un sitio de muchas motos. Estaban los típicos chavales adelantados a los que sus padres les compraban una Derbi, la trucaban y se dedicaban a dar vueltas sin sentido por el pueblo armando un barullo impresionante que se escuchaba en todas las aldeas de alrededor. No los envidiaba en absoluto, vaya mierda de motos, pensaba. Otra cosa eran las CBR que pasaban a toda pastilla por la carretera de la playa, frente a mi casa. El sonido de un motor potente, de moto o de coche, es algo que me hipnotiza.

Al comenzar a conducir me dí cuenta de que algunos motoristas reinterpretaban de forma curiosa las lineas trazadas sobre la carretera: la linea que a mi me parecía continua ya no lo era, la distancia de seguridad se volvía anoréxica, el arcén era tierra de nadie esperando a ser conquistado. Pero Galicia no es para tanto. A los gallegos nos dan pereza las motos: lluvia, frío, carreteras… Mejor un coche malo que la mejor moto.

Llegar a Granada fue como caer de lleno en el Abismo de Helm. Hay quien dice que conducir por Madrid es difícil: tantos coches, tantos carriles, tantas direcciones. ¿Qué polla dice usted? Salir de la circunvalación de Granada para adentrarse en una de sus caóticas rotondas en hora punta le pone a cualquiera los pelos erizados. Pero lo peor no son los coches, los ves venir. Lo peor son los cientos de motos que de forma anárquica aparecen por todos lados, a velocidades insospechadas y con las trazadas más peregrinas que uno pueda imaginar.

¿Carril bus-taxi? Carril moto. “¿Para que voy a esperar yo si ese carrilito está siempre vacío? Me lanzo”. Zas, zas… te pasan siete o nueve motos por la izquierda y cuando intentas dar giro a la izquierda estás perdido y ya tienes que esperar nuevamente tu turno.
¿Frenar en el semáforo en el medio de la cola? “Mi moto la meto yo entre coche y coche y llego delante de todo. Igual rozo retrovisores o lo que sea, pero que se jodan y se compren también una moto esos envidiosos”; y ahí llega el tío jetas, y cuidado con pitarle si te ha rozado tu coche, está en su derecho.
¿Aparcar? “Mi moto cabe en cualquier sitio: en la acera, entre plazas de minusválidos, metida entre dos coches ya aparcados, donde sea, que se jodan”; esas motos merecen rodar por los suelos.
¿Derecha o izquierda? “Adelanto por donde me sale de la polla, ellos verán si abren la puerta o no, como me den los denuncio porque todo el mundo sabe que los conductores son unos hijos de puta que quieren joder siempre a los motoristas”.
¿Guardar distancia de seguridad? “Eso es para los coches, mi moto frena muy bien, y además no suelo ir detrás de coches, suelo rebasarlos por la derecha o por la izquierda nada más los alcanzo”.

Todo esto y más pensábamos muchos que no podía ser legal. Pero es que incluso hay policías municipales que manejan así sus motos. Demencial. Y como la realidad supera la ficción, la DGT nos anuncia que va a reformar el Reglamento de Circulación para permitir la mayor parte de estos comportamientos. ¡¡¡¡¡¡!!!!! ¡O sea, que estaban cometiendo infracciones tal como pensábamos! Se te queda cara de tonto. Lo siguiente será cargarse los quitamiedos para que ellos y nosotros podamos despeñarnos tranquilamente, mejor eso que dejarnos amputados de por vida.