Yo estuve en Carentan (“Hermanos de sangre”, serie de TV)

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Hace unos meses. Iba flipado después de tantas películas, series y horas incontables jugando a los primeros Call of Duty. Mi esposa y yo nos tiramos día y medio en Normandía pululando sin rumbo con el coche y el GPS llevándonos por pistas y carreteras secundarias y terciarias. Vagamos de Utah Beach a Omaha Beach anocheciendo, con la bruma naciendo de los charcos en las praderas. En medio el cementerio alemán de Orglandes, sobrecogedor, impresionante y desesperanzador. Antes habíamos estado en Sainte Mere Eglise viendo el Museo Airborne, también digno de ver. De noche circulamos un rato por la ribera de Omaha Beach mientras comenzaba a llover y en la distancia sonaban truenos y algún relámpago nos asustaba como si de una bengala se tratase. Nos perdimos de vuelta al Hotel, a punto de enterrar el coche en el barro de una pista en el bosque.

Te imaginas el miedo, la incertidumbre, las necesidades, la soledad… de los soldados rasos de ambos bandos. Acojonante. Y al día siguiente Le Pointe du Hoc nos cortó el cuerpo con sus búnkers. Si decide usted ir, mire al techo. La imaginación te mete en la nariz el olor a madera quemada. Fantasmas que no se ven, pero su silencio retumba en esos oscuros búnkers. Botas que corren subiendo los escalones huyendo de los aliados. Fuego y bombas cayendo alrededor. Y luego el Cementerio Americano de Omaha. Miles. Y banderas, paños de colores y presuntos ideales. Pero todos jóvenes y bajo tierra, la mayoría antes de lo esperado. Una foto en una tumba al día siguiente de Difuntos. El cuerpo se corta del todo y nos vamos.

Al lado de todo eso “Hermanos de Sangre” es como un político antes de ser elegido. Las formas y las promesas, pero dentro nada de nada, y cuanto más avanza, más vacía está. Su guión es aburrido. Una pena. Mejor verse un par de veces el documental “El Mundo en Guerra” y ahorrar para ir a Normandía. Si tienes imaginación serán unos días que no olvidarás. El sinsentido.

Mola a rabiar (“Lobos de Arga”, J.M. Moreno)

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Nunca mi perro había seguido con tanta atención una película. Y por fin la idiosincrasia gallega en una película gore de serie B. Ya tardábais, españoles, en conocer el juego que daría el cine de terror made in Galicia. Conocíais un avance con Franco, Fraga, Rouco, Rajoy y Míchel Salgado, pero no las historias de lobishomes como ésta. Arga, Parga, lo que sea, es el pueblo de todos los gallegos. El sitio donde nadie tira nada por si acaso. Allí siempre han existido los hombres lobo, las santas compañas y los delegados del gobierno. En Galicia puede pasar de todo y no pasar nada. Puede soplar el viento y que la gente se escandalice y puede que construyan unos edificios lujosos con el dinero de la Sanidad y sin nada dentro y no diga nadie nada, al menos destructivo. Por si acaso.

Creo que esta película no es perfecta. Primero porque Areces parece por momentos más gallego que Manquiña. Ser del Sur de Galicia no te obliga a decir cosas como “no te he visto desde pequeño”. No te viera, que diríamos los gallegos. O un carallo ahí suelto, uno al menos. Dicen en el Sur de España que los gallegos hablamos fino, como los madrileños, pero porque no tienen ni puta idea. Los gallegos para ser finos tendríamos que sacarnos de la boca el trozo de touciño o de chourizo. Mecajontodo.

Pero Lobos de Arga está bastante bien. Hay saqueo de tumbas, monstruos, parroquianos iracundos, guardia civiles, chuchos listos, zoofilia, canibalismo, violencia, alcoholismo… La gente que puntúa mal esto es porque, al contrario de lo que mandan los cánones del cine B de terror no hay la típica tía estúpida que al final le hace la cura de las heridas al protagonista. En ese sentido incluso podría considerarse la película un poco homosexual.

Para terminar he de destacar los diálogos, de los mejores que he escuchado en una película desde Jóvenes Ocultos 1 y aquella mítica: “ya verás cuando le diga a mamá que te has convertido en un vampiro de mierda”. Atentos especialmente a la secuencia final. Y al que no le guste, habas verdes.

Me flipan las pelis de guerra, casi tanto como los Ferrero (“Salvar al soldado Ryan”)

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Hace un mes estuve en Normandía viendo lugares del desembarco. Es para fliparlo, sobrecogedor. Por eso decidí ver de nuevo la película ésta. El principio en el Cementerio Americano de Omaha Beach me tiene mucho más sentido. Ahora lo entiendo. Las escenas bélicas son para que la cabeza te dé vueltas como a los clientes del Padre Karras. Pero la historia es una bobada. Y me cabrea. Ya estamos con lo de siempre y que tanto toca la moral. Hay que meter siempre al típico insoportable personaje que estás deseando que mate alguien, aunque sea una rana normanda harta de chopped. Ir a una misión peligrosa y ridícula acompañado del cenizo coñazo de turno debe ser peor que equivocarse de pomada para la cara y rebozarse en corticoides.

Matar nazis es una movida. Recomiendo pasarse por el cementerio alemán de Orglandes. Es toda una experiencia. Tom Hanks es insoportable, por eso no se ha pasado por allí todavía y sigue grabando películas actualmente. Se vé que aún nadie le ha explicado lo mal actor que es. Menos mal que nos queda Matt Damon. Lo hace igual o peor, para no desentonar. Menos mal que cuando llegó Bourne ya nos habíamos olvidado de que era el Ryan de marras.

Y es que hubiese molado mucho más que Ryan no existiese y fuese una broma de Monty para ganar tiempo. Humor inglés. Desgraciadamente Spielberg no tiene sentido del humor ninguno. Es más gore que el copón. Por si alguien no lo sabía, él se encargará de demostrar que un cuerpo humano puede desgajarse en distintas partes desiguales y la persona sigue respirando, al menos un rato. De aquí a ET 3D en la Amazonia hay dos pasos, uno el que ha de dar ET, actualmente sin subsidio del paro, dos hipotecas interplanetarias y tres hijos bastardos medio humanos medio perro, y el segundo paso, el de Spielberg ahogando a ET en una ciénaga brasileña para que, al fin, la justicia planetaria se haga realidad y lo devoren las pirañas, tiñendo de sangre el río y contaminando para siempre los ríos de la tierra con el litio que corre por las cañerías de ET.

Tostón (“La Misión”, A. Juffé)

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El que diga que no es un tostón es que se ha confundido, le han dado gato por liebre. No deja de ser curioso a día de hoy encontrarse un reparto con De Niro, Jeremy Irons y Liam Neeson y no ver a mafiosos, alguna mujer inmersa en una romántica historia de amor, o un AK-47 escupiendo casquillos. Es más, van vestidos de monjes. Me choca igualmente que las mujeres de los indios, cuando llegan los portugueses, españoles, o lo que sean, en lugar de escapar hacia atrás lo hagan hacia delante. Con la cantidad de matojos que se ven detrás de la iglesia, cojones. Está visto que la religión no lo enseña todo. Pero también sorprende la facilidad con la que aceptan el Cristianismo. Es como si lo hubiesen estado esperando: Oh, Jeremy, háblanos de Dios. Y eso que al principio le rompen la flauta y parece que le vayan a romper alguna cosilla más.

De todos modos es interesante, y eso que ya no tengo paciencia para cosas excesivamente lentas y contemplativas. La banda sonora es un lujo, aunque Morricone siempre termina sonando a lo mismo. Bueno, como los grandes. Pero consigue que un hatajo de indígenas que no saben una palabra en cristiano terminen cantando canciones del coro parroquial. Pobrecitos. El final es previsible. Zas, zas, zas, lanzarrayos. Aquí paz y después gloria.

Prypiat es lo más (“Atrapados en Chernobyl”, B. Parker)

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Cualquiera que haya pasado parte de su infancia en los 80 y no recuerde de forma especial “el incidente” de Chernobyl me da lástima. Allí estabas tú a los 8 años mirando el telediario y deseando que la nube llegase a tu pueblo y terminar así con el capullo de turno que en todos los recreos te robaba los Sugus. Luego, para cualquier friki de los videojuegos, Prypiat es lo más. En el Call of Duty Modern Warfare 1 crearon uno de los mejores niveles a los que he jugado en un videojuego, corriendo con un herido a cuestas por ese aborto de ciudad abandonada, con un ejército de mercenarios pisándote los talones para luego esperar en la noria a que llegase un helicóptero a recogerte mientras los paramilitares intentaban hacerte agujeros de ventilación en la tripa.
¿Stalker? Todo el mundo habla de Stalker y Tarkovski como si hubiese visto del tirón “Stalker” sin dormirse. Yo tenía ganas de que Stalker me gustase. Me gusta incluso la música drone. Stalker es una anécdota, un mal sueño surrealista y chocante, una paja mental pretenciosa que utiliza “el incidente” como símbolo más que basarse en él. No mola. Queremos miedo y sangre.
Entonces, ¿qué pasa con “Atrapados en Chernóbil”? Pues no pasa nada, no sé por qué se rasgan todos las vestiduras. Es una película de ciencia ficción que explota un hecho apenas explotado por el cine, y lo hace como las clásicas películas de adolescentes, el típico “a ver ahora quién muere”. Pero vamos, ambientada en Prypiat. ¡Como si eso fuese un detalle sin importancia! He visto unos cuantos documentales, he jugado a varios juegos, he visto muchas fotos, del puto pueblo y no deja de sobrecogerme. La película lo refleja. ¿Que es una pavada? No sé qué tiene de pavada pasar un par de noches en Prypiat. Solo de pensarlo se me retrae el escroto por encima del ombligo. Me da miedo. Y la escena de los perros al fondo, en la carretera, da muy mal rollo. Y mantiene la tensión, por mucho que digan por ahí, porque al contrario que en “Las colinas tienen ojos”, tardas un montón en saber qué carallo pasa. Bueno, es que eso no se sabe.

Al que no le guste, que se fastidie y que llore.