Qué es un MIR o “médico residente” en un país en crisis

¿Qué es un médico residente? Con razón, mucha gente no sabe qué es un médico residente, nadie se lo ha explicado: si un interino o un estudiante; un médico residente es un licenciado en Medicina que está haciendo una especialidad. Durante ella, usted podría encontrárselos en Urgencias, en su Centro de Salud, operándolo o haciéndole una ecocardiografía. Son estudiosos, porque los médicos nunca debemos dejar de estudiar, pero son médicos con todas las letras: han obtenido el título tras los seis años de carrera universitaria y después han preparado, al menos durante un año, el examen M.I.R. La nota obtenida en él permite, según la demanda, hacer una u otra especialidad. Es en ella cuando uno se llama “médico residente” o “MIR”.

El libro del médico residente ideal lo define como un médico joven, al menos de espíritu, abierto a todos los conocimientos prácticos que se le ofrecen en sanidad una vez terminada su formación en la facultad. El período de médico residente ha de ser una exposición como la del chiquillo en los primeros años de su vida a todo tipo de gérmenes para inmunizarse. El residente ha de adquirir todas las habilidades posibles porque en esta etapa siempre debe estar supervisado y ser ayudado por distintos médicos/tutores, que orientan, enseñan y, de una forma u otra, auditan que el residente es apto para realizar el trabajo. La “formación” la coordina una Unidad Docente, donde se valora el trabajo del residente, dándole anualmente una calificación en función de su trabajo, cursos, aptitudes, etc. En este trayecto de varios años es cuando usted va a encontrar a los residentes.

Cada especialidad, cada ciudad y cada hospital son distintos, dentro de la uniformidad del programa formativo de cada una. Están las diferencias normales entre cada Servicio: no es lo mismo rotar (verbo que usamos para hablar de las estancias temporales en otros Servicios que no son el nuestro para adquirir unas habilidades concretas) en Cardiología en Alicante que en Sevilla. No ya solo por cuestión de que sea mejor o peor en tal o cual sitio, sino porque siempre será distinto porque las personas que ofrecen docencia también son distintas, en todos los sentidos. Como MIR de Medicina de Familia, puedo hablar de mi especialidad, para lo cual es mejor hacer un punto y aparte y abandonar la teoría.

El MIR de Medicina Familiar y Comunitaria (MFYC) es, además de un médico formándose para atenderlo en los ambulatorios o Centros de Salud, un médico barato para la administración. Supuestamente es el Médico que, pasados cuatro años de especialidad, lo atenderá habitualmente en el futuro en su Centro de Salud, tanto en horario normal como en horario de Urgencias. El Médico que irá a su casa cuando usted esté malo y no pueda ni siquiera desplazarse. Es quien debe preocuparse por su salud a diario. Pues bien, los que nos formamos en esta tan complicada como bonita especialidad, durante nuestro período formativo estamos atados a las Urgencias hospitalarias. El razonamiento es correcto: las urgencias hospitalarias nos dan una visión de la patología y un manejo de los casos más graves, que nos ayudará a sacar adelante problemas que se nos presenten una vez estemos fuera del Hospital. Aunque también hay compañeros que realizan nuestra especialidad porque es la vía, actualmente, que permite posteriormente ser Médico de Urgencias en el Hospital. Pero, la mayoría, lo hacemos porque nos gusta la Medicina de Familia, el trabajo tradicional del Médico, su visión clásica.

El buen argumento de que estamos en Urgencias para formarnos se desvirtúa en el momento en el que la formación deja paso a la explotación, convirtiéndonos en peones baratos de la puerta del hospital, porque al final estamos asumiendo una responsabilidad que no está justificada ni por lo que cobramos (mucho menos que cuando ya se tiene el título de “especialista”) ni, alguna vez, por el apoyo o supervisión con el que contamos. Si el residente está formándose, si cobra muchísimo menos que un médico con la especialidad, si no es personal fijo ¿por qué las Urgencias se caerían si no hubiese residentes?. Si usted conoce algún médico residente podrá contarle mil historias para no dormir. ¿Quiere decir que cuando lo está atendiendo a usted un residente lo atienden mal y peor? No. De hecho la perspectiva de un residente y su interés por concretar o resolver un caso pueden ser incluso beneficiosos. El residente piensa, pone en duda, estudia y busca respuestas a sus dudas antes de sacar conclusiones, incluso más que un médico con más recorrido. Al residente suele darle miedo dar pasos en falso porque tiene conocimientos pero le faltan años de experiencia. Un residente es ese médico al que verá consultando con otros médicos habitualmente, no porque no sepa, sino porque quiere confirmar y saber más. Es el médico que coge el libro vorazmente. Quiere ratificar que lo que está haciendo es lo correcto, y por regla general lo es, pero busca confirmación. Cuando un caso es el primero, el segundo, el tercero o el cuarto que ve en su vida, el residente se esmera incluso más porque tiene miedo de que se le escapen detalles. Evidentemente no todo es un camino de rosas, pero no solo para los residentes, todos estamos expuestos al error por variadas causas. Mucha responsabilidad, y aún encima se nos obliga a trabajar durante 24 horas seguidas. Sí, 24 horas. Yo tampoco lo entiendo. He ahí la importancia de los residentes: una “presunta plantilla” (no pertenecemos a ella realmente) barata, flexible y que permite no tener que contratar a más médicos especialistas. Esa es la sensación que tienen todos los médicos residentes que conozco de mi especialidad. Tu buena voluntad e inocencia iniciales dan paso a una sospecha de que tu trabajo, amparado en una supuesta formación, está orientado al ahorro.

Ahí enlazamos con el título: “en un país en crisis”. Si España está en crisis, ésta me parece más de valores que de dineros. La crisis de valores empieza en los cargos de gestión, que son médicos, algunos también médicos de familia, que ningunean a los residentes de forma absurda y antinatural. Lo que lee. Se nos trata como a empleados sin derechos y con obligaciones por doquier, jugando con nuestros turnos en pos de nuestra formación y, a veces, con la coletilla de “por necesidades de servicio”. Por un euro más de lo que ganarías limpiando casas, un residente está haciendo el trabajo en la puerta del Hospital, de guardia. Por menos de la mitad de ese dinero, puede estar a diario pasando consulta en el Centro de Salud al que está adscrito durante su formación. Por 6 euros la hora. Porque sepa usted que el sueldo base que cobra un médico residente sobrepasa escasamente los 900 euros. Luego están las guardias, algo que al final casi todos los médicos hacen obligados, bien sea por sus contratos o bien porque el dinero es necesario para lo que sea. Un residente es un médico barato, al que no se le valora el tiempo de formación en su casa, con los libros y el ordenador, o haciendo trabajos a pesar de estar de guardia cada dos por tres. Como está en período de formación ha de aguantarlo todo.

Pero la crisis de valores deriva en la económica. Los contratos basura y el paro asolan a los compañeros que han terminado la especialidad y ahora esperan la llamada para trabajar. A los que aún somos residentes se nos cita en nuestros hospitales para decirnos que no trabajamos lo suficiente, que somos afortunados teniendo un sueldo con la que está cayendo y que, claramente, aguantemos lo que nos echen y nos callemos. Ahora se pretende que las dos horas y media extra que ha impuesto el gobierno como ampliación de la jornada laboral, las hagamos en Urgencias. Es decir, horas extraordinarias no pagadas, ya que las horas en Urgencias, de toda la vida, han sido horas complementarias. Ahora serán regaladas. O eso o renunciar al 7% de ese sueldo base que ya había disminuído con los recortes.

El panorama es lamentable. Tratamos de que la situación no afecte a nuestra atención al paciente en cuanto a cordialidad y amabilidad, por todos los medios que no se note, pero cuando uno lleva 18 horas seguidas trabajando y le quedan 6, ha tenido media hora para almorzar y media para cenar (con prisas, siempre), no ha tenido ningún descanso por medio, no tiene previsto poder parar porque no dejan de llegar pacientes a Urgencias, y aún encima recuerda lo que está cobrando por perder la salud, qué quiere que le diga. Porque trabajar 24 horas seguidas es perder salud. Perder la salud por cuatro perras es una mierda, disculpen. Y otros agobiados cómodamente en sus despachos llevándose incentivos, “con la que está cayendo”.

El paciente es una víctima del sistema económico, como nosotros, que con la excusa de una “crisis” se intenta asestar un golpe final a la sanidad pública en forma de ajuste sanitario, como culpándonos de la crisis. Ni somos la culpa ni la solución. Los partidos mayoritarios, de ambos colores y gobernando en unas y otras Comunidades Autónomas, tratan de desmoralizarnos y que nos enfrentemos: médicos contra pacientes, médicos contra médicos, pacientes contra pacientes. Se promueve una corriente racista, así, como si nada. Y todos sabemos de dónde viene la crisis. Nosotros hemos de estar en el mismo barco y ayudarnos, porque estamos solos. Los directores sanitarios miran los números con admiración pagana, los subjetivos indicadores supuestamente de calidad y lo que se gasta en su salud. Usted y yo estamos cara a cara en una habitación, hablando de su salud, única, individual. Ayudémonos mutuamente ya que, al parecer, nos han abandonado. Y sean comprensivos, se avecinan tiempos duros y los residentes somos la mula de carga a la que poca energía más le queda para seguir tirando de un carro que no le corresponde.

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