Yes, we boh No le hablé a usted

Vendo Gran Torino, buen estado, pocos kms, todos los extras, Pack Super Moralina incluido

Lunes, 26 diciembre 2011. Autor: Rufo

Pensar en Clint Eastwood es acudir a una imagen grabada a fuego en mi mente infantil: el forajido del tabaco escupido y que lanza miradas de desprecio a sus perseguidores. Con la vejez, su giro a temas más sociales y familiares me produce sentimientos contrapuestos. Es verdad, no he visto “Los Puentes de Madison”, pero “Mystic River” me gustó tanto que ya la habré visto unas tres veces. También me coló bien “Million Dolar Baby”. Por eso pensé que “Gran Torino” pasaría la criba fácilmente. Sin embargo, es imposible, y en los primeros segundos te darás cuenta del por qué, salvo que pertenezcas a esa infraclase de personas inclasificables que ven las películas en versión original con subtítulos. Más nos valdría pertenecer a ella y deshacernos de nuestra contraproducente vagancia con tal de evitar ver a chinos hablando chino pero que parecen ser doblados por otros chinos. Clint Eastwood sigue siendo Constantino Romero (¿al revés?), pero el resto del elenco de doblaje es tan patético que parece que estés viendo un capítulo de Bob Esponja o que quizá el audio que escuchas es de la tele que tiene alguien puesta en la habitación de al lado.

 

La película empieza tan mal que casi dan ganas de ponerse a escribir emails al Defender of the People. Allí está él, con su cara inexpresiva de siempre, frente al altar, escuchando el funeral de su mujer como si fuese el de su primo tercero Benito. Por delante de él comienza a desfilar su familia, un hatajo de nietos que en vez de al entierro de su abuelita parece que van a la comunión del Jonathan. Todo muy en consonancia. Sus padres (los hijos de Clint) no son mucho mejores. Cierto, van mejor vestidos, pero no escatiman comentarios del tipo “fíjate, qué mirada le ha echado a mi niña por llevar falda corta”, “papá nunca cambiará”. Tratan de transmitirnos la idea de un hombre estricto toda su vida y que no se ha adaptado al progreso y la modernidad: esa en la que los niños son inmunes a la muerte de sus abuelos, niños insensibles e “hijos de puta”. Ésta es la idea central de la película, lo siento; si usted pretendía embarcarse en una especie de cruzada anti-racial como la que sueltan los panfletos que se pueden leer en las críticas de muchas webs en favor de esta película, está usted equivocado. Se trata de un alegato en contra del aislamiento y la soledad a la que condenan a muchos ancianos, y más cuando se quedan viudos. Una crítica a la moral actual, o la inmoral. Clint está preocupadísimo, por eso se empeña en meternos cien mil tópicos que demuestran que es más fácil vivir con una familia de caníbales que con la suya: tratan de convencerlo con que se vaya a una residencia, procuran llamarlo lo menos posible no vaya a ser que el viejo necesite algo, lo exprimen y desvalijan el joyero de la abuela cuando él no está en casa, etc.

 

Entre todo este batiburrillo de mierdosa moralina, metida a presión aparece la historia de los chinos, coreanos o lo que sean. Al lado de su casa se instala una familia, para simplificarlo, asiática. Clint es un ex soldado trastornado de la Guerra de Corea, un ex trabajador de la Ford: TIENE que odiar a los chinos. Lo demuestra llamándolos amarillos, rollitos de primavera, etc. Pero no es algo personal, o solo contra ellos, ya que a los negros los llama “morenos”, y a los centro-sudamericanos e italianos también les tiene aprecio verbal. Es un hombre muy duro y muy curtido, un americano como los de antes, dispuesto a defender su concepto de patria y familia hasta las últimas consecuencias. Y como los tópicos existen por algo, el hijo de los chinos vecinos trata de robarle su reliquia con ruedas, un Gran Torino, objetivo propuesto por el primo chino, cabecilla de la banda asiática del barrio, para poder introducirse en ésta.  Los asiáticos tienen la fama que tienen por algo. Luego hay alguno que llega a ser buena persona si lo trabajamos un poco.

 

Clint quiere transmitirnos que los americanos clásicos son como los Ferrero Rocher: rugosos por fuera y con chocolate fundido por dentro.  Entabla una extraña amistad con la hija de los vecinos, a la que intenta agredir una pandilla de “negratas” (también tienen fama por algo). Ella, que aún siendo china es lista, entabla una relación de cariño con el “ancianito gracioso” de al lado, al que parece ver como un viejo y solitario gruñón, racista pero con buen corazón. El salto que da el guión es como para pensar que los guionistas de “Dawson Crece” han hecho de las suyas una noche que quedaron las llaves puestas en la cerradura del despacho de Clint.

 

El cambio que da viejito es paralelo al odio creciente hacia su familia, que se aprovecha de él y el resto del tiempo lo ignora. Sus nuevos vecinos amarillos se convierten meteóricamente en su nueva familia, por eso decide ayudar a Chino Adolescente (al que llama Atontao, ya que su nombre es Tao ¿?) buscándole un trabajo y alejándolo de su primo chalado. El drama llega cuando la banda del chino malo decide vengarse por no querer doblegarse ante ellos. No solo le queman la cara con un cigarrillo a Chino Adolescente, sino que violan, o algo que no queda claro, a su hermana (la amiga de Clint). Éste es presa de la ira, pero decide contenerse. Su venganza se perfila fría y apabullante. Comienza a limpiar sus armas, se prepara incluso espiritualmente visitando al cura, algo que no había hecho en su vida, y se hace un traje a medida. ¿?. Uno cree que por fin Tarantino habrá decidido echarle un cable a Eastwood para levantar un poco el tono aburridillo y mierdoso de la película. Agárrense: Clint se planta esa noche frente a la casa de la banda china, de la que salen sus miembros armados hasta los dientes. Él saca un cigarrillo y pregunta si alguien tiene fuego mientras apunta con el dedo a cada uno de ellos al modo pistolero de toda la vida. Como nadie está dispuesto a encenderle el pitillo, Clint lentamente dirige la mano hacia el interior de su americana. ¡¡Dios!! Seguro que tiene un Kalashnikov ahí dentro, ¡o incluso un mini RPG made in hecho-en-casa! No. Lo que tiene es una chapa que le dieron cuando fue a Corea. Acto seguido un ciclón de balas atraviesa el cuerpo de Clint. La espicha. Gran venganza Clint, eres tan bueno y tan tonto que ahora sí que la has hecho buena. ¿Qué nos quieres decir? ¿Que la violencia no lleva a ningún lugar? ¿Que el “anciano” quería suicidarse? ¿Que le daba igual todo? ¿Que el Alzheimer ya ha hecho de las suyas?

 

Para redondear la hazaña tenemos como epílogo el testamento del abuelo: vengativo decide hacerle el vacío a su familia y dejarle la casa a la parroquia y el Gran Torino al chino. ¡Uh! Para cagarse. Eso solo lo hubiese superado el haberla quemado (con alguien dentro) y lanzado el coche por un precipicio. Siniestro total. Hubiese tenido el mismo sentido. La escena final con el chino conduciendo el Gran Torino es lo mejor de la película. Valió la pena que estirase la pata el viejo para que chino fuese feliz. Muerte en favor de los avances raciales.

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4 opiniones en “Vendo Gran Torino, buen estado, pocos kms, todos los extras, Pack Super Moralina incluido”

  1. antony dice que:

    con todo respeto,pero parece k no entendiste el mensaje de esta pelicula lo estoy notando al leer todo lo k escribiste y tengo k decir en defensa de esta pelicula ke la critica tuya no es buena,por ke primero con lo de los niños en la iglesia,cuando no emos visto alguien ke no valla vestido adecuadamente algun sitio,y al final el final teny ke verla bien pa´ke poday descifrarlo tu ..

  2. Rufo dice que:

    Antony, eres amor.

  3. Iñigo Montoya dice que:

    Es que no has visto la crítica de James Wallestein…. A mí me ha costado

  4. Iñigo Montoya dice que:

    Ups! En realidad no hablaba de esta película…

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