“La piel que habito”, “Vicente o Vicenta”… o cuando trato de suicidarme ridículamente

Almodóvar es un genio que lleva tiempo demostrándolo aunque a mi no me haya apetecido hasta ahora comprobarlo. He de admitir que todo este texto es un SPOILER porque me apetece poner en orden los recuerdos sobre “La piel que habito”. Partamos de lo principal: es un thriller psicológico que acepta con placer obsceno otras etiquetas como “cine transexual”, “cine animal” (por el tigre), “burlesco”, “grotesco” o “comedia erótica”. Cada cual escoge la que prefiere para autoengañarse y pasar por caja. Yo me quedo con la de “cine animal” porque si hay un personaje que destaque por encima de todos es el del Tigre.

La historia de Almodóvar viene a contar lo siguiente: resulta que Banderas es un cirujano plástico brutalmente bueno y millonario que tiene incluso el quirófano en su mansión, cuya madre es su criada (pero no lo sabe; dramón) que tiene una mujer que viene a ser Elena Anaya (otro dramón para Antonio, al parecer es lesbiana), que se acuesta con el hijo de su criada (es decir, su hermanastro), y el que posteriormente hará su aparición estelar como Tigre. Elena Anaya y el hermanastro se escapan de Antonio para vivir una historia de amor interracial, pero tienen un accidente con el coche y ella se muere. ¡Ah no! Ella no se muere, siempre me equivoco. A ella la rescata Banderas y la mete en su choza, que viene a ser un pazo gallego “full equip”. La pobre, más espantosa por las quemaduras que el hermano feo de Niki Lauda, malvive en una habitación encerrada, mientras su marido, que es más listo que los ratones colorados, inventa en su laboratorio una piel para poder curarla. Lo peor es que la mujer un día ve su reflejo grotesco en el cristal de la ventana y decide medir, usándose a sí misma como plomada, la altura de su cuarto hasta el suelo. Lo más chungo es que su hija pequeña presencia el suicidio de la madre, o de ET. El terrible suceso la marca y la obliga a iniciar un tratamiento psiquiátrico. Cuando la sacan del frenopático su padre la lleva a una fiesta de la “jet”, con tan mala suerte que un tal Vicente, modisto de profesión, feo como el pie de un perroflauta y hasta arriba de pastillas, intenta hacerle un hijo debajo de un árbol y contra su deseo de procrear. Al resistirse Vicente se cabrea y le arrea un hostión en toda la cara dejándola casi en el sitio. Vicente escapa con su moto corriendillo hacia su casa en Compostela acojonadito porque cree que se la ha cargado, mientras Banderas encuentra a su hija tumbada a la bartola víctima de un desconocido y meando fuera del tiesto.

Cagado de miedo, Vicente le dice a su compañera de trabajo (que para no ser una aburrida es algo lesbiana), que se va a dar un voltio porque está un poco apático. La mala suerte se ceba también con él porque Banderas lo encuentra, embiste su moto con una fragona y le hace meterse el gran hostiazo. Rapta a Vicente, lo encadena en una cueva y lo deja allí solo, únicamente dándole agua, a la espera de desvelarnos su maquiavélico plan. Lo hace cuando su hija, ingresada de nuevo en el psiquiátrico, decide también aplicar sobre su cuerpo la fuerza de la gravedad no vaya a ser que los principios de la física sean un engaño. Desgraciadamente tampoco vivió para contárnoslo.

Como dije, Banderas era un cirujano súper famoso, creador de la primera piel sintética del mundo haciendo uso de técnicas transgénicas en contra de las normas de la Bioética. Así que decidió, sin hacerle firmar consentimiento informado ni testamento, usar a Vicente como cobaya. Lo curioso de todo es que Banderas (o Almodóvar), fuera de sí, primero le cambia el sexo a Vicente, se lo explica de forma fría, luego le arranca la piel y se la cambia, y al final le moldea la cara… ¡por la puta cara!. El resultado final fue Elena Anaya, Vicenta, Vera… o algo. El brutal cambio fue progresivo. Claro. Todo lo progresivo que pueda ser transformar a Leo Messi en Monica Belluci. Atención a los consejos de Banderas a Vicentita: primero dilatarse el chochete, poquito a poco no vaya a estenosarse por falta de uso; te dejo dilatadores, luego a ponerse en forma, luego que si hace yoga… Todo supervisado por la criada (madre no reconocida) de Banderas a través de monitores que la espiaban las 24 horas. No era un trabajo fácil ya que Vicente trata de matarse varias veces, mucho mejor al principio cuando se secciona el cuello con un cuchillo bien afilado. Posteriormente realizaría conatos propios de un descerebrado metido a ingeniero aeroespacial, tratando de matarse cortándose las tetas con las hojas de un libro de gafapastas. Toda una aportación a las técnicas de autoasesinato que podrán perfeccionar las futuras generaciones: el suicidio culto. Me excita la idea de gente suicidándose con las hojas de los libros de Caillou o de Dónde Está Wally.

He aqui el momentazo de la película: un día aparece en la casa el Tigre, que no es otro que el hermanastro amante de la mujer muerta de Banderas. Lo hace con esas pintas porque atraca una joyería y su cara sale en la tele de toda España, por lo que aprovecha el carnaval para coger el disfraz más espantoso e ir a visitar a su madre, a la que tanto quería. Tanto que la amordaza y ata a una silla cuando ve sorprendido que la mujer a la que tenían presa en el caserón, ahora manchego, es Elena Anaya. No daba crédito. ¡Yo!. ¡Nosotros!. ¡La sala!. Me ahorraré el vomitivo momento en que su lengua recorrió el monitor en el que aparecía el rostro de ésta, sus palabras sobre lo mucho que quiere follar con ella, o su deseo de que a él también lo opere su hermanastro. Su posterior entrada en el cuarto y la violación también me hacen comprender por qué Almodóvar nunca podrá competir con Bob Esponja por la franja infantil. Me cagué en su puta estampa.

Afortunadamente llegó Banderas y, lógicamente, se cargó al Tigre. Luego tiró el cadáver, o eso me imagino, y se puso a follisquear con Elena Anaya, Vicenta, Vera o quien carajo fuese. Así, como quien quiere la cosa. “Hola Vicenta, Vera, o quien demonios seas, follamos aunque te haya arruinado la vida”. No se lo dijo, ¡pero vamos! ¡y qué carallo podría decirle!. Eso sí, no consumaron porque le dolía el chochete de lo grande que era el pene del Tigre (textual). Los ojos desorbitados son una constante en esta película. Lo más normal ocurre cuando el socio de Banderas, otro cirujano que participó bajo engaño en la operación de cambio de sexo inicial de Vicente, descubre semejante marronazo. “Chacho, que le quitamos el pito sin permiso, me engañaste wey, qué wea es ésta, qué le ise”. Sabe dios lo que podría decir uno en un follón así. Hijo de tigre como mínimo. Banderas le dice que o se calla o se va a hacerle compañía al Tigre. Elena Anaya recuerda ahora, así porque sí, lo mucho que odia a Banderas. Elena recuerda que era Vicente. Así porque le sale del higo. Le pega un tiro a Banderas, se va corriendo a Compostela para decirle a su ex-compañera de trabajo que es Vicente. Y la película termina con su madre, frente a frente, escuchando la payasada más brutal que se le podría haber ocurrido al genio: “hola mamá, soy Vicente”.

¡Dan ganas de volver a verla, pero esta vez en 3D!

9 pensamientos sobre ““La piel que habito”, “Vicente o Vicenta”… o cuando trato de suicidarme ridículamente

  1. jajajajajajaja es tal cual tal cual. La verdad es que, así contada, aquellas de las que te hablaba de Takashi Miike no tienen nada que envidiarle. De hecho, me pegaría muchísimo que “Almo” hiciese un remake de Visitor Q… no paro de imaginarlo… en el papel del padre al que violan con su propio micrófono y luego se hace necrofílico, pondríamos a Banderas, su actor fetiche. Como su esposa, drogadicta y maltratada por su hijo, pero que luego encuentra un hobbie en ordeñarse a sí misma, podríamos poner a Pe, por ejemplo. Y como Visitor Q, pues un señor de Cuenca.

  2. Lo mejor no es que el médico se escandalice porque le han cortado el pito por el morro, lo mundial es que ve a Elena Anaya y el cambio de una persona por otra, así, sin cicatrices, con las manos más pequeñas y los pies y otra voz, le parece curioso, pero normal.

  3. Me he reído de lo lindo con éste artículo. Muchas gracias. A mí me encantó La Piel que Habito. Me parece una obra maestra. Aún así me he divertido con la forma en que has contado todo. Tanto tú como Almodóvar se merecen 5 Oscar. BESOS.

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